sábado, 26 de octubre de 2013

miércoles, 23 de octubre de 2013

Portada de La nieve en el almendro, mi nueva novela



 
 
Detrás de esta portada hay muchas horas de trabajo, de buenos y malos ratos, de dudas, de arrojar la toalla y volver a recogerla al cabo de meses. Esta novela, como La asesina de los ojos bondadosos, nació a partir de un relato, uno de esos cuentos que te piden más, que quieren que te asomes a los ojos de sus personajes y rebusques dentro de su alma.
También, detrás de esta portada, hay buenos amigos que me han ayudado a seguir creyendo en la historia y a mejorarla. Una novela es la suma de voluntades, del escritor y del editor que cree en ella. Y me siento muy agradecida a Ramón Alcaraz, que ha apostado porque este título figure en el catálogo de obras de la editorial El desván de la memoria.
Dentro de nada, cuando esté impresa, será vuestra, de los lectores, eso es algo que me ha quedado muy claro en estos años, en el momento que publicas una obra, deja de pertenecerte.
Espero que os guste la portada, pero aún más deseo que os guste la novela, que os llegue al alma, que no os deje indiferentes.

 

martes, 22 de octubre de 2013

Asesina entre té y chocolate

Hoy, Inmaculada Puche Romero, la editora de Pezsapo me ha dado una agradable sorpresa, La asesina de los ojos bondadosos se puede adquirir y degustar entre tés y chocolates. ¿Qué no sabes de lo que hablo? Pincha en este enlace y lo comprobarás: http://degustate.es/es/45-regalo-libros-online

jueves, 17 de octubre de 2013

Encuentro con niños en Puerto Lope- Moclín (Granada)



Hoy he tenido la suerte de compartir un encuentro con autor con los niños del CPR Las Atalayas de Puerto Lope, perteneciente al municipio de Moclín (Granada).
Hace unos días les envié un cuento para que pudieran leerlo y luego trabajar con él. Hemos hecho actividades de creatividad, hemos jugado a inventar historias, nos hemos reído y hemos jugado con las palabras. Creo que se han divertido pues me han preguntado qué cuándo vuelvo otra vez. Yo les he dicho que cuando sean un poco mayores y se lean mi novela juvenil "El club de las palabras prohibidas"
Después me he acercado a Moclín, un pequeño pueblo que me ha dejado un buen sabor de boca y ganas de volver. El técnico de cultura me ha comentado las rutas que se pueden hacer en el municipio y creo que regresaré con mi familia.
Quiero dar las gracias a los profesores, a los niños y al responsable de cultura por su cálida acogida.


 

martes, 15 de octubre de 2013

Alcaudete Imaginado: La laguna Honda



Alcaudete Imaginado: La laguna Honda.

Como cada tarde aparcó el coche frente al edificio de la antigua estación de tren de Alcaudete. Cogió una mochila pequeña donde llevaba el agua y un libro. Emprendió el camino con escasa ilusión. Aquel día cumplía cuarenta años y se había prometido que sería la última vez. Era la fecha límite que se había marcado antes de desechar del todo aquella fantasía juvenil, impropia de su edad. Mientras avanzaba por la vía desprovista de raíles, una vía que ya no sentiría el temblor emocionado que provocaba el tren, de aquel amante embravecido que en otra época la acometía con pasión y que la hacía rugir cuando se adentraba en sus puentes, no podía evitar recordar los innumerables paseos, siempre inútiles, que la habían llevado otras tardes hasta la laguna. Se detenía ante ella y contemplaba el espectáculo del atardecer sobre las aguas mansas. El sol manchaba de rojo el horizonte, mientras que la maleza se reflejaba aumentada en aquel espejo quieto y oscuro. Los fines de semana la visitaba por la mañana, entonces le parecía menos peligrosa, de un azul plateado, reluciente como una novia a punto de ser desposada.

Una novia…, un marido, hijos… ¡Cuánto lo ansiaba! En sus primeros años de juventud no era consciente de esa necesidad. Desdeñaba a sus pretendientes, jugaba con la vida y amaba de forma casi insolente, egoísta, absurda. No quería compromisos, ni convertirse en la típica ama de casa, en la madre gritona, en la esposa cansada que nunca quiere hacer el amor. Sin embargo, los años pasaban inclementes, vio marcharse los treinta y, cuando su trabajo la llevó a Alcaudete, a la Vía Verde, a la laguna Honda, recordó a aquella anciana, allá en su pueblo del norte, que una noche al abrigo del fuego le echó las cartas: “Conocerás a tu hombre, el que te hará feliz y te dará dos hermosos hijos, en las vías muertas de un tren, frente a las aguas calmas de una laguna”

Ella creía haber olvidado estas palabras, hasta la tarde en la que, por primera vez, contempló la laguna Honda. Nunca había visto unas aguas más mansas, un azul más quieto y reparó en que aquella vía se podía calificar de muerta, pues por allí ya no pasaría ningún tren. A partir de entonces se obsesionó con el vaticinio de su vieja paisana, creyó que había llegado su momento, que allí encontraría al hombre de su vida, que solo era cuestión de esperar, de ser paciente y, sobre todo, acudir a aquel lugar el mayor número de veces posible. Fue así como se habituó a visitar la laguna cada día, a quedarse largos ratos apoyada en la barandilla de madera fabricada con los travesaños de la vía, pero mirando con el rabillo del ojo a las personas que caminaban por su lado. Sus sentidos se alertaban cuando veía pasar a un hombre solitario. Se preguntaba si aquel sería el padre de sus hijos, la persona que la amaría tal y como le había vaticinado la anciana. Los días, las semanas, los meses, los años pasaban y no sucedía nada. Ya llevaba más de tres en Alcaudete y desde hacía varios meses se había puesto como fecha límite el día de su cuarenta aniversario. Después, si nada ocurría, pediría el traslado para olvidar las tardes perdidas frente a la laguna.

Hoy era ese día. Los cuarenta años eran una pesada carga que entorpecía su caminar. Contempló los olivos, siempre verdes e impasibles, que parecían decirle adiós con sus ramas, agitadas por una suave brisa otoñal. Quisiera ser como ellos, tener hondas raíces que la fijaran a un lugar, pero sobre la mesa de su despacho ya tenía preparada la solicitud de traslado, en el banco no le pondrían problemas, les venía bien tener a alguien como ella, dispuesta a cubrir sustituciones en cualquier parte de España. Alguien sin cargas familiares, ni ataduras. Alguien libre como aquel viento que movía los olivos. Hoy aquí, mañana quién sabe.

Una profunda tristeza aplastaba sus hombros cuando llegó frente a la laguna. La tarde parecía desangrarse en la tierra roja que rodeaba el agua, en el agua misma, tintada por los rayos de un sol agonizante. Un pájaro levantó el vuelo y dibujó en el cielo un garabato negro. Entonces lo comprendió. No necesitaba un marido, ni siquiera hijos. Necesitaba encontrarse a sí misma, dejar de buscar fuera lo que tenía dentro y echar raíces, como los olivos, fuertes y profundas. Por primera vez contempló la laguna sin reservas. Hasta ahora solo había sido un medio y necesitaba que fuera un fin, un lugar seguro donde refugiarse.

Y fue justo ese día cuando lo conoció, justo en el instante en que había renunciado a él. Supo quién era, no le cupo la menor duda, cuando contempló sus ojos de un azul manso, como el de la laguna.
(Relato publicado en el Libro de Feria de Alcaudete 2013)

jueves, 10 de octubre de 2013

El peligro de emprender, mi último artículo en el Diario Jaén.


El peligro de emprender

Llevo más de veinte años trabajando en la creación de empresas y por mi despacho han pasado muchos emprendedores. A veces, en la primera entrevista ya tengo claro que la idea va a fracasar. Uno de los factores del éxito empresarial, que considero determinante, es el motivo que lleva a la persona a dar el paso. Hasta hace unos años, un número importante de los emprendedores abandonaban voluntariamente un trabajo por cuenta ajena para crear su propio negocio. Eran personas con ideas claras, conocimiento del sector y capaces de asumir el riesgo que conlleva iniciar una actividad empresarial. Hoy no es así. La mayoría de las consultas proviene de gente expulsada del mercado de trabajo o bien de  aquellos que aún no han podido acceder a él: jóvenes que ven pasar los años sin encontrar un empleo. En estos casos, el emprendimiento es su último recurso, son los desesperados.

Por parte del gobierno central y autonómico e incluso por algunos medios de comunicación, se está sobrevalorando la potencialidad del emprendimiento, es decir, parece ser que la única salida a la crisis es el autoempleo. El problema radica en que el pequeño emprendedor, por lo general, no dispone de fondos suficientes para crear empresas rentables a largo plazo. Apenas cuenta con unos mínimos recursos que obtiene de capitalizar el desempleo, de la familia o de pedir un préstamo al banco a un interés exagerado. Y los negocios que se crean son comercios minoristas, bares y algunos servicios que suelen depender del consumidor final que, a su vez, ha visto reducida su capacidad de gasto a causa de la crisis.  

La tarifa plana y las subvenciones pueden ser un cebo para el emprendedor desesperado. Cegado por las supuestas ventajas que tendrá para montar su empresa, se lanza al vacío sin evaluar los riesgos. De ahí la importancia de un asesoramiento profesional en el que, además de informarle de trámites y ayudas, se le advierta del peligro que supone arriesgar el poco patrimonio del que dispone. No hay nada peor que un emprendedor fracasado, en muy contadas ocasiones recupera la ilusión y lo intenta de nuevo. Sin embargo, si realmente tiene espíritu emprendedor, buscará otra idea empresarial más viable.
(Publicado en el Diario Jaén el 9/10/2013)

lunes, 7 de octubre de 2013

Perdí mis enlaces a blogs amigos




Así está mi blog, casi a oscuras. Intentando quitar un mensaje que salía al abrirlo, donde se solicitaba un usuario y una contraseña, por error, borré los enlaces a los blogs amigos. Y me gustaría recuperarlos. Si quieres que enlace tu página con mi blog, por favor, déjame un mensaje con la dirección. Muchas gracias.