
Hace unos días retomé una novela que había iniciado a mediados del 2009, y que ya he abandonado en varias ocasiones. La novela se inició en forma de diario, después decidí escribirla en tercera persona desde el punto de vista del protagonista y, ahora, cuando la he vuelto a coger no me sentía cómoda, no conseguía tomarle el ritmo. Finalmente he decidido escribirla en primera persona, alternando el pasado y el presente, ya que hay capítulos en los que el protagonista nos habla de su infancia y otros que se desarrollan en la época actual.
Es la primera novela que voy a escribir en primera persona y tengo dudas sobre el resultado, pero ya he tomado la decisión. No será un texto largo, no creo que la historia dé para más de 120-150 páginas, quizás eso ayude a que no se haga demasiado pesado estar escuchando siempre la misma voz.
El otro día, en la presentación de mi libro en Jaén, alguien me preguntaba si no me había planteado escribir una novela más larga. Mi respuesta fue algo así: creo que no estoy preparada para afrontar ese desafío, por dos motivos, por la falta de tiempo y por la organización. En cuanto al primero, está claro, el tiempo que empleo en escribir es fragmentario, me cuesta mucho dedicar un día entero a la escritura, una novela de más envergadura necesita muchas horas y, a ser posibles, seguidas. En cuanto al segundo, no soy una persona organizada, no suelo tomar notas, quiero llevarlo todo en la cabeza, y si a esto añadimos que mi memoria no es demasiado buena, se puede imaginar el resultado, un auténtico caos. Terminé comentando que quizás mi sitio esté en el cuento y en la novela corta, no todos estamos capacitados para escribir novelones de más de 500 páginas.
Quizás otro motivo sea que me gusta contar las historias en pocas palabras, depurar el lenguaje, estrujarlo, sacarle el máximo rendimiento. A veces, leyendo novelas, sobre todo esas tan largas, observo que hay ideas o conceptos que se repiten con demasiada frecuencia; que se insiste sobre lo mismo; que se podrían eliminar párrafos enteros sin afectar a la historia. Y no me gusta, tengo la sensación de que me hacen perder el tiempo.
No todas las novelas son así, por supuesto, no creo que se pueda valorar la calidad de una novela por el número de sus páginas. Hay ejemplos de novelas excelentes de los dos tipos.
Es la primera novela que voy a escribir en primera persona y tengo dudas sobre el resultado, pero ya he tomado la decisión. No será un texto largo, no creo que la historia dé para más de 120-150 páginas, quizás eso ayude a que no se haga demasiado pesado estar escuchando siempre la misma voz.
El otro día, en la presentación de mi libro en Jaén, alguien me preguntaba si no me había planteado escribir una novela más larga. Mi respuesta fue algo así: creo que no estoy preparada para afrontar ese desafío, por dos motivos, por la falta de tiempo y por la organización. En cuanto al primero, está claro, el tiempo que empleo en escribir es fragmentario, me cuesta mucho dedicar un día entero a la escritura, una novela de más envergadura necesita muchas horas y, a ser posibles, seguidas. En cuanto al segundo, no soy una persona organizada, no suelo tomar notas, quiero llevarlo todo en la cabeza, y si a esto añadimos que mi memoria no es demasiado buena, se puede imaginar el resultado, un auténtico caos. Terminé comentando que quizás mi sitio esté en el cuento y en la novela corta, no todos estamos capacitados para escribir novelones de más de 500 páginas.
Quizás otro motivo sea que me gusta contar las historias en pocas palabras, depurar el lenguaje, estrujarlo, sacarle el máximo rendimiento. A veces, leyendo novelas, sobre todo esas tan largas, observo que hay ideas o conceptos que se repiten con demasiada frecuencia; que se insiste sobre lo mismo; que se podrían eliminar párrafos enteros sin afectar a la historia. Y no me gusta, tengo la sensación de que me hacen perder el tiempo.
No todas las novelas son así, por supuesto, no creo que se pueda valorar la calidad de una novela por el número de sus páginas. Hay ejemplos de novelas excelentes de los dos tipos.
Y tengo que añadir que admiro a los escritores que son capaces de crear obras maestras de muchos cientos de páginas. Como admiro a los que tienen la habilidad de escribir novelas históricas bien documentadas, algo para lo que me considero una auténtica inútil.










