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domingo, 7 de mayo de 2017

Mi nuevo proyecto: Piernas de bailarina

Ya ha pasado más de un año desde que se publicara mi última novela Arrugas en la memoria y me apetecía publicar algo nuevo. Quería que fuera algo mío, no tener un compromiso con una editorial y, de esa forma, no sentirme en deuda con nadie. Por eso me planteé hacerlo en autoedición, eso sí, contando con los servicios profesionales de El ojo de Poe. Aún no tengo el libro entre mis manos, pero me gusta el diseño de portada y estoy segura de que el resultado será magnífico, confío en mi amiga Inmaculada Puche y en su hija, Victoria Borrás, que han sido las encargadas de dar vida a mi proyecto.

Además, quería ligar mi literatura a la pasión por el vino de mi marido: "books and wine". Y a la pasión mutua por el teatro. Así que las presentaciones de este libro estarán repletas de libros, vino y teatro, pues se representará la adaptación de uno de los cuentos que se incluyen en el libro. La primera será en Alcaudete, el día 9 de junio, pero mi idea es llevar Piernas de bailarina a otras localidades, eso sí, sin prisas, como se saborea un buen vino.
Os dejo con la portada y una sinopsis de este libro, un conjunto de relatos que tienen a la mujer como protagonista.

"Piernas de bailarina es un homenaje a las mujeres que han desfilado por mis relatos a lo largo de los once años que llevo metida en esta locura de escribir. Mujeres que sufren en silencio el problema del maltrato, la anorexia o el rechazo social. Mujeres que aman con pasiones silenciosas o desbordadas, a dos o a tres bandas, a hombres o a otras mujeres. El amor no conoce de límites ni fronteras. Mujeres que matan sin mostrar arrepentimiento, asesinas frías movidas por la venganza o la locura. Mujeres que se liberan, que por fin sueltan amarras y navegan libres hacia su nuevo destino, alejándose de todo aquello que las oprime, que no les permite ser ellas mismas.
En los veinticuatro relatos que componen este libro, el lector descubrirá que las mujeres podemos ser como las piernas de una bailarina, lo suficientemente fuertes para soportar el peso de en cuerpo en constante movimiento y, a la vez, tan frágiles, tan sensibles  al dolor y a las lesiones."

miércoles, 21 de octubre de 2015

Arrugas en la memoria-Dossier informativo



UNA BELLA HISTORIA QUE DESENMASCARA LA TRISTE REALIDAD SOCIAL DEL ABUSO INFANTIL
Arrugas en la memoria, Finalista del XXX Premio Felipe Trigo y del II Certamen de Novela Corta López Torrijos, abre la nueva Colección Olivo de Zahara de la Editorial Autores Premiados.

Se trata de una novela que ejemplifica un estilo depurado y una cadencia que la convierte en accesible y recomendable a todo tipo de lectores, una de esas joyas literarias que dejan una impronta, a veces húmeda empañada por las lágrimas, pero en otras muchas ocasiones esperanzada y aupada en la belleza honda de las emociones humanas y en la insondable psicología de las relaciones sociales.

Sinopsis de la obra:

Tras la trágica muerte de su compañera sentimental, Salvador siente la necesidad de regresar al pueblo donde Noelia vivió su infancia para conocer más de su pasado.
Un escalofrío premonitorio, la fugaz visión de una muchacha joven idéntica a Noelia o el halo de misterio que envuelve una vieja masía son elementos que se conjugan en la búsqueda de ese pasado doloroso que Noelia se negó a compartir en vida y que ahora parece aflorar entre la niebla, gris y húmeda, que recorre los pastos del olvido.
Felisa Moreno Ortega obtuvo con esta obra la condición de Finalista en el XXX Premio Felipe Trigo y en el II Certamen de Novela Corta López Torrijos.


Proyección de la obra Arrugas en la memoria:

Arrugas en la memoria es una novela que pretende ir más allá del entretenimiento. Con un estilo ágil y fluido nos adentra en una historia con elementos fantásticos que, sin embargo, desenmascara una triste realidad: el abuso infantil. Salvador, el protagonista de la novela, sabe que Noelia, su recién fallecida mujer, tenía un secreto. Y no duda en acudir al pueblo de esta para intentar descubrirlo.
El lector se sentirá atrapado desde la primera página y acompañará a Salvador en sus pesquisas, sufrirá con él un perturbador descubrimiento y, al final del libro, conocerá el secreto de Noelia, ese que ella guardó celosamente en las arrugas de su memoria.
El abuso infantil es un mal que aqueja a nuestra sociedad, un delito la mayoría de las veces encubierto porque la víctima es incapaz de denunciar. Bien porque asume un sentimiento de culpa propio, bien porque la persona que lo comete le es tan cercana que no comprende que pueda hacerle daño. El abuso infantil es una de las preocupaciones de la autora que, con esta novela, trata de poner en evidencia la situación por la que pasan muchos niños y niñas en nuestro país.
Desde el punto de vista narrativo, la novela tiene momentos de gran belleza literaria, de esta forma la autora suaviza lo dramático de la historia. Por ejemplo, cuando Salvador nos describe la pasión que los arrastra en su primer encuentro amoroso: “Subimos los peldaños de las escaleras de dos en dos, a nuestro paso dejábamos pequeños charcos de urgencia, la huella del deseo que nos llevaba en volandas, sin tregua para respirar. Llegamos extasiados, y volvimos a fundirnos en un beso, mientras que nuestras manos actuaban por su cuenta y arrancaban la ropa mojada, que caía al suelo como la lana de las ovejas, mansa y acobardada”.
Esta novela corta (106 páginas) nos muestra un estilo depurado, las frases están llenas de contenido, nada sobra, lo prescindible se ha suprimido para que el lector pueda adentrarse en la historia de una forma ágil, sin exceso de descripciones que perturben la lectura. En apenas cinco líneas se puede describir un personaje de forma concisa: “Noelia con el pijama puesto, sentada en el sofá y con los pies en una silla, su postura favorita para escribir en el portátil. Con el pelo suelto, rojo y alborotado, encarcelando un rostro de proporciones exactas, ojos tintados en un verde enorme y triste. Nariz pequeña, de niña traviesa, y labios gruesos, entreabiertos en una expresión concentrada”.
Esto la hace recomendable para personas que no tienen un hábito de lectura, pues consiguen adentrarse en la historia con facilidad y no llegan a perder el interés en ningún punto de la obra. Y los más habituados a leer pueden disfrutar a su vez de un estilo rico en figuras literarias, algo que es difícil encontrar en los best sellers actuales, más centrados en la historia que en la calidad literaria.
También encontramos en la novela descripciones duras, que tratan de impactar en el lector para hacerle comprender la gravedad de este problema: “El Monstruo apareció al poco rato de estar allí. Se acercó mucho y sentí su aliento de borracho en la nuca. Me cogió por detrás, sabía que era él aunque no entendía lo que quería hacerme. Me besó metiendo su lengua asquerosa en mi boca, luego sus manos, sucias y grandes, me hicieron daño en las piernas, me pellizcó las nalgas hasta hacerme llorar”.
En definitiva, Arrugas en la memoria es una novela que puede llegar a cualquier lector, enriqueciendo sus experiencias vitales y generando interés en algo tan grave como es el abuso infantil.
Breve extracto de la obra:
 «Aquella tarde llovía con la intensidad que solo las tormentas de verano pueden ofrecer. Corrimos hasta su casa al caer las primeras gotas, pero en escasos segundos nos encontramos envueltos por una cortina de agua que amenazaba con ahogarnos. Cuando conseguimos alcanzar el portal ya estábamos empapados. Noelia se reía de mi aspecto, mi pelo había perdido totalmente la compostura que yo me afanaba en darle antes de salir, en un arduo trabajo de ocultar los claros, y dejaba a la vista su verdadera apariencia. Le regañé y la cogí de los brazos, para después cerrar su boca con un beso que me supo a colonia fresca. Noté que se entregaba, que su lengua buscaba la mía con ansia, como si un deseo hasta ese momento reprimido se hubiera desbocado y se derramara por su boca. Subimos los peldaños de las escaleras de dos en dos, a nuestro paso dejábamos pequeños charcos de urgencia, la huella de la pasión que nos llevaba en volandas, sin tregua para respirar. Llegamos extenuados y volvimos a fundirnos en un beso, mientras que nuestras manos actuaban por su cuenta y arrancaban la ropa mojada, que caía al suelo como la lana de las ovejas, mansa y acobardada».
La autora
Felisa Moreno Ortega nace en Alcaudete (Jaén) en 1969. Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, ha dedicado gran parte de su vida al desarrollo local.
Como escritora obtuvo en el año 2007 el XVII Premio de Literatura para Escritores Nóveles que convoca la Diputación de Jaén en la modalidad de Narrativa con su primera novela, La asesina de los ojos bondadosos. Tras este galardón ha recibido numerosos premios y menciones en diversos certámenes nacionales e internacionales, y posee más de una treintena de publicaciones en antologías de relatos editados en España y México. Con la obra El club de las palabras perdidas resultó Finalista en el XXV Premio Jaén de Novela Juvenil. Un año más tarde, en 2010, recibiría la distinción de Finalista en el XXX Premio Felipe Trigo y el II Certamen de Novela Corta López-Torrijos con la novela Arrugas en la memoria.
Felisa Moreno está adscrita como escritora al Circuito Literario Andaluz de la Junta de Andalucía, imparte talleres de escritura creativa para niños, jóvenes y adultos, y colabora periódicamente como articulista en el Diario Jaén. Su obra ha sido reseñada en la revista de tirada nacional Qué Leer y ha participado en multitud de medios audiovisuales como Canal Sur Radio y TV, Onda Cero, Cadena Cope y Cadena SER.

MÁS INFORMACIÓN:   Estefanía Abril     954 04 75 60 / 665 49 33 50
                                                                     estefania.abril@autorespremiados.com



miércoles, 15 de abril de 2015

Mi última publicación está destinada a los más pequeños, El duende del pijama rosa.


Sinopsis:
 A pesar de la insistencia de su madre, Juanma no quiere ponerse el pijama rosa de Irene, su hermana mayor. No sabe que esto le va a traer muchos problemas, además de un castigo. Esa noche tiene un extraño sueño donde el mundo se ha vuelto del revés. Al día siguiente, las cosas han cambiado en su casa. Mamá está triste, a su hermana la echan del equipo de fútbol y a papá parece un extraterrestre. Detrás de estos cambios está Rosáceo, un duende muy travieso que lucha por la igualdad entre niños y niñas.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Cuentos Caníbales, un libro solidario.

Hace casi seis meses que no me asomo a este blog. Me he dejado seducir por la inmediatez de Facebook y otras redes sociales, pero no olvido que este fue mi inicio como escritora en internet.
Hoy regreso para anunciar que tengo un nuevo libro editado. Es un proyecto muy especial, pues está financiado por la empresa Desguace J.Torres SL y todo el dinero que se recaude con su venta se destinará a la Asociación Española Contra el Cáncer. Es especial también porque está dedicado a mi hermana María, que murió hace poco víctima de esta enfermedad.
Si estás interesado en adquirir este libro, en el margen derecho de esta página puedes encontrar un acceso para pagarlo con Paypal o tarjeta de crédito o de débito. Si prefieres hacerlo por transferencia bancaria, escríbeme un correo a felisamorenoortega@gmail.com
También puedes encontrarlo en todas las librerías de Alcaudete.
El precio es de 10 euros más 2 de gastos de envío (para envíos en Península y Baleares, en otros casos consultar en el correo electrónico).
Agradecería también toda la difusión que puedas hacer sobre este libro, todos conocemos a alguien que ha padecido o padece esta enfermedad, entre todos podemos hacer algo por combatirla. Gracias.

martes, 15 de octubre de 2013

Alcaudete Imaginado: La laguna Honda


Alcaudete Imaginado: La laguna Honda.

Como cada tarde aparcó el coche frente al edificio de la antigua estación de tren de Alcaudete. Cogió una mochila pequeña donde llevaba el agua y un libro. Emprendió el camino con escasa ilusión. Aquel día cumplía cuarenta años y se había prometido que sería la última vez. Era la fecha límite que se había marcado antes de desechar del todo aquella fantasía juvenil, impropia de su edad. Mientras avanzaba por la vía desprovista de raíles, una vía que ya no sentiría el temblor emocionado que provocaba el tren, de aquel amante embravecido que en otra época la acometía con pasión y que la hacía rugir cuando se adentraba en sus puentes, no podía evitar recordar los innumerables paseos, siempre inútiles, que la habían llevado otras tardes hasta la laguna. Se detenía ante ella y contemplaba el espectáculo del atardecer sobre las aguas mansas. El sol manchaba de rojo el horizonte, mientras que la maleza se reflejaba aumentada en aquel espejo quieto y oscuro. Los fines de semana la visitaba por la mañana, entonces le parecía menos peligrosa, de un azul plateado, reluciente como una novia a punto de ser desposada.

Una novia…, un marido, hijos… ¡Cuánto lo ansiaba! En sus primeros años de juventud no era consciente de esa necesidad. Desdeñaba a sus pretendientes, jugaba con la vida y amaba de forma casi insolente, egoísta, absurda. No quería compromisos, ni convertirse en la típica ama de casa, en la madre gritona, en la esposa cansada que nunca quiere hacer el amor. Sin embargo, los años pasaban inclementes, vio marcharse los treinta y, cuando su trabajo la llevó a Alcaudete, a la Vía Verde, a la laguna Honda, recordó a aquella anciana, allá en su pueblo del norte, que una noche al abrigo del fuego le echó las cartas: “Conocerás a tu hombre, el que te hará feliz y te dará dos hermosos hijos, en las vías muertas de un tren, frente a las aguas calmas de una laguna”

Ella creía haber olvidado estas palabras, hasta la tarde en la que, por primera vez, contempló la laguna Honda. Nunca había visto unas aguas más mansas, un azul más quieto y reparó en que aquella vía se podía calificar de muerta, pues por allí ya no pasaría ningún tren. A partir de entonces se obsesionó con el vaticinio de su vieja paisana, creyó que había llegado su momento, que allí encontraría al hombre de su vida, que solo era cuestión de esperar, de ser paciente y, sobre todo, acudir a aquel lugar el mayor número de veces posible. Fue así como se habituó a visitar la laguna cada día, a quedarse largos ratos apoyada en la barandilla de madera fabricada con los travesaños de la vía, pero mirando con el rabillo del ojo a las personas que caminaban por su lado. Sus sentidos se alertaban cuando veía pasar a un hombre solitario. Se preguntaba si aquel sería el padre de sus hijos, la persona que la amaría tal y como le había vaticinado la anciana. Los días, las semanas, los meses, los años pasaban y no sucedía nada. Ya llevaba más de tres en Alcaudete y desde hacía varios meses se había puesto como fecha límite el día de su cuarenta aniversario. Después, si nada ocurría, pediría el traslado para olvidar las tardes perdidas frente a la laguna.

Hoy era ese día. Los cuarenta años eran una pesada carga que entorpecía su caminar. Contempló los olivos, siempre verdes e impasibles, que parecían decirle adiós con sus ramas, agitadas por una suave brisa otoñal. Quisiera ser como ellos, tener hondas raíces que la fijaran a un lugar, pero sobre la mesa de su despacho ya tenía preparada la solicitud de traslado, en el banco no le pondrían problemas, les venía bien tener a alguien como ella, dispuesta a cubrir sustituciones en cualquier parte de España. Alguien sin cargas familiares, ni ataduras. Alguien libre como aquel viento que movía los olivos. Hoy aquí, mañana quién sabe.

Una profunda tristeza aplastaba sus hombros cuando llegó frente a la laguna. La tarde parecía desangrarse en la tierra roja que rodeaba el agua, en el agua misma, tintada por los rayos de un sol agonizante. Un pájaro levantó el vuelo y dibujó en el cielo un garabato negro. Entonces lo comprendió. No necesitaba un marido, ni siquiera hijos. Necesitaba encontrarse a sí misma, dejar de buscar fuera lo que tenía dentro y echar raíces, como los olivos, fuertes y profundas. Por primera vez contempló la laguna sin reservas. Hasta ahora solo había sido un medio y necesitaba que fuera un fin, un lugar seguro donde refugiarse.

Y fue justo ese día cuando lo conoció, justo en el instante en que había renunciado a él. Supo quién era, no le cupo la menor duda, cuando contempló sus ojos de un azul manso, como el de la laguna.
(Relato publicado en el Libro de Feria de Alcaudete 2013)

viernes, 20 de septiembre de 2013

Artículo Diario Jaén: ¿Apadrinar universitarios?

¿Apadrinar universitarios?

En los últimos días se ha hablado mucho de la propuesta de la rectora de la Universidad de Málaga  en la que plantea la posibilidad de que empresas y particulares puedan donar dinero para aquellos estudiantes que se queden fuera del sistema de becas estatales con la reforma del ministro Wert. En Internet he leído muchos comentarios despectivos de gente que considera un atraso apadrinar a un estudiante mediocre. Quizás no son conscientes de que ya están costeando a miles, que con sus impuestos están pagando una Universidad pública para todos, donde unos se esfuerzan por llegar a la “mediocre” nota de 6,5 para no ver truncadas sus esperanzas de progresar en la vida y otros viven tranquilos, amparados por las billeteras de sus padres y se aprovechan del 80% de financiación pública que sostiene los centros universitarios.
Estoy convencida de que es necesario mejorar el rendimiento de nuestros estudiantes, que no podemos permitirnos estar en los niveles más bajos de los países de nuestro entorno. Para ello no solo es necesario exigir más nota a los becarios, sino también a aquellas personas que disponen de recursos para estudiar. Si no alcanzan una nota mínima, a la calle. Que paguen el cien por cien de sus estudios en un centro privado.
Yo estudié con becas. Durante tres años estuve con el alma en vilo pensando que un suspenso podía acabar con mis sueños. Entre mis amistades había gente que no tenía ese miedo, que no temía repetir, pues sus padres podían permitirse mantenerlos en la universidad los años que hicieran falta.
Seamos justos y llamemos a las cosas por su nombre, ¿queremos una sociedad igualitaria tal como marca nuestra Constitución? Si es así  deberíamos dar oportunidad a todo aquel que supere la nota de acceso. El Gobierno tiene la obligación de garantizar las becas necesarias, pero si no la cumple, me parece bien que lo hagan los particulares a través de un sistema de mecenazgo. Las críticas negativas pueden venir de aquellos a los que aún les sigue molestando que los hijos de campesinos y albañiles puedan llegar a ser abogados, maestros o médicos; y que ocupen los puestos que, tradicionalmente, les han correspondido a sus hijos.
(Artículo publicado en el Diario Jaén) 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Radionovelas (Relato publicado en periódico Ideal)

Este cuento ha sido seleccionado en el Certamen de Relatos de Verano del periódico Ideal. A ver si tengo suerte y me llevo uno de los tres premios.




Radionovelas

Lo primero que se me vino a la memoria cuando encontré aquellas cartas en el fondo del baúl de mi madre, el que siempre llevó con ella a cada casa que estuvo, fue la radio de la vecina Carmela. Era un aparato de los años cincuenta, un armatoste rectangular con dos botones plateados, el dial repleto de lugares que me resultaban desconocidos: Roma, Valencia, Paris, Lyon... y una palabra exótica, que después supe que era la marca, y que me atraía como un imán: Te-le-fun-ken.
Lo recuerdo con claridad porque fueron muchas las horas que pasé frente a ese aparato de radio.  En casa no teníamos y mi madre, todas las tardes, se iba con la vecina Carmela para escuchar la novela de Ama Rosa. Siempre le decía lo mismo: que mi aparato receptor se ha averiado y lo mandé a reparar. Cada día la misma excusa. La vecina Carmela sabía que mentía, pero no decía nada. Después de leer las cartas que le dirigía a mi madre, entiendo su actitud. Entonces no podía ni imaginarlo. Quizás porque solo tenía doce años, quizás porque eran una época gris y a las niñas no se les explicaba nada, y mucho menos lo que no tenía explicación lógica o religiosa, que para el caso eran lo mismo.
Mi madre era una mujer hermosa. Cuando se arreglaba un poco parecía una artista de cine, los ojos grandes, la nariz altiva, los labios rojos como un clavel reventón. A pesar de su belleza, mi padre apenas le hacía caso. Yo no entendía por qué prefería estar con sus amigotes en la taberna en vez de con nosotras. Odiaba tener que ir a buscarlo. Me asomaba a la puerta del bar y lo miraba con todo el odio que podía concentrar en mis ojos casi adolescentes. Se hacía el remolón, sabía que mi presencia allí indicaba que la comida ya estaba preparada. Había sido él mismo quién había dado instrucciones precisas a mi madre para que lo avisara cuando apartara el arroz del fuego. Aún así se demoraba, se tomaba su tiempo para apurar el vaso de vino y de soslayo me dedicaba una sonrisa de superioridad. Yo esperaba en la puerta con los puños apretados. Nunca tuve claro de donde surgía el odio que sentía hacia mi padre, no era un mal hombre, nunca nos hizo daño. Quizás intuía que era el culpable de nuestra pobreza. El jornal nunca llegaba completo a casa, buena parte se quedaba en la taberna del Tomás.
En muchas ocasiones acompañé a mi madre en aquellas visitas que, al principio, se limitaban al horario de la radionovela, pero que con el tiempo fueron alargándose. A  veces nos anochecía junto al receptor de radio, aunque ya hacía tiempo que ninguna lo escuchábamos. Yo jugaba con mi muñeca de trapo, mi único regalo de Reyes. Una muñeca con ojos de fieltro y falda de cuadros, la llamaba Josefina, y me gustaba jugar con ella a las maestras. Mi madre y Carmela charlaban sin descanso, como si cada día fuera el último que se iban a ver. A veces prestaba atención a su conversación, pero tenía la sensación de que utilizaban un lenguaje cifrado que solo ellas podían entender, así que pronto me aburría y continuaba explicándole la lección a Josefina.
Mi madre siempre intentó ocultar que éramos pobres, de ahí que aquel aparato de radio inexistente siempre estuviera en reparación o que desmontara los vestidos mil veces para volver a coserlos y que parecieran nuevos. Ahora me duele su ingenuidad, cómo disimular algo tan evidente, cómo evitar que nos miraran por encima del hombro, que no nos invitaran a merendar en ninguna casa porque sabían que no podríamos corresponder.
Todos menos la vecina Carmela. Ella era distinta, su puerta estaba abierta para nosotras de par en par. Solo había que apartar aquellas cortinas recias, de color pardo, que evitaban que se colaran las moscas, para entrar en un mundo ficticio lleno de voces sugerentes que sufrían por amor, la ficción que nos permitía evadirnos de una realidad que no nos gustaba demasiado.
No consigo recordar si alguna vez vi algún gesto, alguna señal que me hubiera llevado a sospechar algo. Carmela, aún siendo una mujer de carácter fuerte y gesto adusto, solterona para el pueblo, pues ya había cumplido los cuarenta; siempre se mostró amable con nosotras. Nos ofrecía las sillas de anea, junto a la radio. Mi madre se sentaba muy solemne los primeros días, como una reina sin trono; yo prefería el suelo, estaba fresco y olía a tierra mojada.
Conforme cogió confianza mi madre se fue relajando. Se olvidó de su postura envarada, cruzaba las piernas, reía, lloraba y suspiraba, ya sin vergüenza alguna. Carmela la miraba mucho, sí, eso sí lo recuerdo, fijamente, como si quisiera ver a través de su piel. El cutis de mi madre era rosado y se encendía como la yesca cuando bebía un poco del vino quinado que le ofrecía Carmela. Al principio lo rechaza dos o tres veces antes de aceptar, luego ella misma se levantaba, iba hasta la alacena y servía para las dos, en el mismo vaso, así no tienes que fregar tanto Carmela, le decía. Y Carmela sonreía, y su gesto adusto se esfumaba como por arte de magia, se le ablandaba la mirada, como si de pronto no fuera una solterona, sino una muchacha encendida por el amor.
¡Ahí está! Sí que había pistas, sí que las recuerdo, la memoria no es un camino recto, zigzaguea en el espacio y en el tiempo, nos marea llevándonos por recodos, nos hace esperar años, pero finalmente los recuerdos se muestran. Mi madre y Carmela estaban enamoradas. Nunca sabré si fueron amantes, si sus cuerpos se encendieron  con el ardor de una pasión femenina. Y no sé si hago bien leyendo las cartas que encontré en el fondo de su baúl, pero son tan hermosas y tan apasionadas como aquellas radionovelas que escuchábamos cada tarde en casa de Carmela.




miércoles, 30 de enero de 2013

Mi primer artículo en el Diario Jaén




Este es mi primer artículo en el Diario Jaén, con él se inicia una colaboración que se materializará una vez cada cuatro semanas, en miércoles.


Realidad o ficción. 
Empiezo esta columna con el alma dividida entre la literatura y la economía, será porque cuando me preguntan a qué me dedico aún me cuesta definirme entre escritora y economista. Me gustaría hablar solo de lo primero, trasladarme a mi mundo imaginario donde puedo manejar situaciones y personajes a mi antojo; vivir acunada por la ficción, arropada por las historias, que tantas veces han sido refugio propicio de todos mis males. En las novelas, los problemas son efímeros, y desaparecen una vez has cerrado el libro, se quedan atrapados en sus páginas. Sin embargo, mi otro mundo, el que llena mis mañanas, está repleto de cifras de parados y de gente que busca el autoempleo como única salida a una situación desesperada. Capitalizar el pago único, cobrar de una vez el desempleo para poner en marcha una actividad precaria, parece ser la única salida que le queda. No hace tanto tiempo, los emprendedores venían con ideas frescas y financiación debajo del brazo. Hoy eso es impensable, los bancos se han convertido en muros infranqueables. Es un deporte de riesgo pedir un crédito, puede minar la moral del más pintado.
Y a mí, pobre ingenua, me gustaría detenerme en describir la belleza de un almendro en flor y narrar lo sentido cuando descubrí el primero de este enero frío; la sorpresa, tantas veces revivida, de ver un árbol cubierto de pétalos blancos en lo más crudo del invierno. Ser escritora nada más, y alejarme de un mundo real que cada vez me gusta menos. Sin embargo, la realidad no es tan fácil de vencer, está bien pertrechada, y se vale de cualquier medio para asaltarnos, no hay más que abrir un periódico, conectar la radio o ver la televisión. Las noticias, malas por lo general, se encargan de recordarnos lo que somos y dónde estamos, y tenemos miedo a imaginar hacia dónde nos dirigimos, ese miedo provoca que nos tiemble el pulso cuando hablamos de futuro. Pocos días atrás, la Encuesta de Población Activa (EPA) nos decía que uno de cada cuatro españoles está parado. En Jaén la situación se agrava, con un desempleo que supera al 37 por ciento, uno de cada tres jiennenses no sabe cómo llegar a fin de mes. ¿Cómo librarnos de esta realidad que nos acosa? ¿Y si cerramos el periódico, y si apagamos la televisión, y si no escuchamos la radio…? Qué ilusos. Ella sabe como alcanzarnos, nos mira desde los ojos de un familiar afectado por un ERE, nos habla por la boca del vecino que este año no pudo dar ni un jornal en la aceituna, nos conmueve cuando pasamos por la puerta de Cáritas y contemplamos una multitud de personas tristes y abatidas. La realidad es así, implacable y fría, como el invierno. Ah, si pudiéramos ser tan fuertes como la frágil flor del almendro… 



lunes, 3 de septiembre de 2012

¿Queréis conocer a Nova?





EL CLUB DE LAS PALABRAS PROHIBIDASCuando describo a un personaje, por lo general, no me inspiro en una persona en concreto, no busco un modelo y le copio las facciones. Es más, cuando imagino a mis personajes nunca los veo con unos rasgos demasiado concretos, para mí son brochazos, el color de los ojos, la forma de la nariz, el grosor de los labios… Me gusta conservarlos tras un velo de tul que los difumina. Quizás sea porque pienso que debe ser el lector quién le ponga cara, quizás porque soy así de perezosa, o quizás porque me interesa muchísimo más la descripción interior, sus miedos, las motivaciones, la bondad, la maldad, el niño que habita en su interior, la soledad, la tristeza…
EL CLUB DE LAS PALABRAS PROHIBIDAS
Supongo que cada escritor valorará un aspecto u otro, yo intento escribir lo que me gustaría leer y, tengo que reconocer, me aburren un poco las descripciones demasiado exhaustivas. Las admiro, admiro a los escritores que son capaces de estar diez páginas describiendo un lápiz, pero yo sería incapaz, me motiva mucho más avanzar en la historia. A veces, incluso me tengo que frenar, pues un argumento sin detalles pierde muchísimo, son necesarios para crear el sueño de la ficción, como diría Gardner.

Todo esto viene al hilo de las ilustraciones que para mi novela juvenil “El club de las palabras prohibidas” ha realizado Mar Del Valle Senoae . Cuando vi la cara de Nova, la protagonista, me pareció que la ilustradora  había logrado reflejar en su rostro la decisión, el empuje, la fuerza de mi personaje y también, cómo no, la angustia y el miedo que a veces la asalta. Son unos dibujos preciosos, y me siento feliz de que acompaña al texto de mi libro.
Podéis ver más trabajos de Mar en su blog: http://mardelvalleseoaneluna.blogspot.com/



domingo, 2 de septiembre de 2012

El club de las palabras prohibidas

En más de una ocasión he comentado que una de las cosas que he aprendido en mi aventura literaria ha sido a esperar. No valen las prisas por publicar, ni el deseo de llegar rápidamente a mucha gente. No, las cosas no pasan así, necesitan su tiempo. Pero también he aprendido que a cada novela, relato o poesía con un mínimo de calidad le llega su momento de ser publicada. Eso hace que la espera sea más liviana. 
Es el caso de esta novela juvenil, que me dio la alegría de ser finalista en los Premios Literarios Jaén de Caja Granada para luego llevarme la decepción de verla rechazada, de mala manera, por una editorial. A punto estuvo de quedarse dormida para siempre en un archivo de mi ordenador, si no hubiera sido por mi visita a la feria del libro de Sevilla 2010, y por la casualidad de acercarme a la caseta de la editorial Edimáter. Alguien allí me animó a enviarla, aunque sin ninguna garantía, así lo hice y, dos años después, mi novela verá la luz. Un alumbramiento muy deseado, lo que hace más hermoso el momento.
Ahora sólo queda que llegue a los jóvenes lectores, y a los no tan jóvenes, pienso que es una obra que puede ser leída también por el público adulto. A la aventura, el amor adolescente y la ciencia ficción, se le une un mensaje a favor de la lectura, como medio para llegar a ser mejores personas. Siempre he creído que leer nos hace libres, y eso es lo que quise reflejar en esta novela.


SIPNOSIS:
La vida de Nova, una joven de 16 años, cambia por completo el día en que encuentra un libro en casa de su abuela. En el año 2100 los libros son objetos prohibidos difíciles de encontrar, y el Gobierno castiga a los que aún los poseen.
La abuela desaparece y la chica ingresa en El Club de las Palabras Prohibidas, una misteriosa organización que lucha contra el régimen totalitario que rige en el país. Además, pretende mantener en la memoria las palabras que prohíbe el Gobierno, pues el lenguaje se va reduciendo cada día.
En su nueva existencia se suceden los acontecimientos: la relación con su madre va de mal en peor; cree enamorarse de Indómito, un chico atractivo e inquietante; descubre un mundo subterráneo miserable, donde están recluidos los enemigos del Gobierno, obligados a trabajar bajo tierra y sin a ver apenas la luz del sol; allí conoce a Idrís, el chico pálido de las tiniebla, que pronto se convertirá en su mejor amigo y llenará de dudas su corazón.
Nova tendrá que luchar por conseguir una sociedad más justa, se enfrentará a personas crueles, como el Ministro; su vida correrá peligro, pero no le importará afrontar el riesgo con tal de salvar a su abuela y devolver la libertad a su país.

jueves, 7 de junio de 2012

Nace Alen da Lúa (audiolibros)



Pincha en la foto para ir a la página


Hoy os quiero presentar a una editorial que nace con un nombre precioso Alen da lúa (Más allá de la luna) y con una declaración de intenciones muy hermosa: "Alen da Lúa nace para hacerte viajar al planeta de las historias y los cuentos. ¿A quién no le gusta que le cuenten una buena historia? 'Alen da Lúa' (Más allá de la Luna) habrá historias para todos los gustos. La tradición oral existe desde que los primeros seres humanos sintieron la necesidad de comunicarse. Queremos ofrecerte historias con las que puedas aprender, reir, llorar, ponerte nervioso o incluso (esperemos que pocas veces) aburrirte. Y ante todo pretendemos que el rato que pases con nosotros te sea grato. Te esperamos a ti y a tus emociones. Alen da Lúa es tu casa. Bienvenid@ seas."

Conocí a Jesús Rois, el alma de esta iniciativa, en la feria del libro de Sevilla 2011. Se acercó a la caseta donde yo me encontraba firmando libros y me habló de un proyecto que a mí, si soy sincera, me sonó a chino: los audiolibros. Lo escuché, siempre estoy abierta a nuevos proyectos, sobre todo si tienen que ver con la literatura y acepté su propuesta de grabar mis cuentos en audio. Un año después, las cosas importantes siempre van despacio, su proyecto se ha materializado y ya es posible escuchar una demo del primer cuento grabado "La piel de la serpiente",  en este enlace:

En breve, se podrá adquirir en la misma página y pronto se incorporarán el resto de los cuentos que componen el libro, os iré informando.



domingo, 20 de mayo de 2012

Cuentos Caníbales en Amazon


Para comprar el libro pincha sobre la imagen


Animada por la experiencia de otros amigos y amigas escritores, he decidido publicar un libro de relatos en Amazon. A lo largo de los últimos años he escrito una serie de relatos que perfectamente podrían ser la continuación de los Trece cuentos inquietantes, para mi gusto son mejores, más maduros. He creído que lo de menos en esta publicación debería ser el precio, es por eso que cuesta tan sólo 0,89 euros, de esa forma está al alcance de todo aquel que quiera leerlo.
El lector de Amazon es el Kindle, pero no es necesario tener lector de libros electrónicos, ya que en la misma página de Amazon te puedes descargar de forma gratuita el programa que te permite leer el libro en tu ordenador o cualquier otro dispositivo.


SIPNOSIS:
Cuentos caníbales está especialmente indicado para los devoradores de historias. Historias que atrapan al lector, lo sacuden y lo vuelven del revés.
En Caníbales, un abogado de oficio se enfrenta a una situación complicada, tiene que defender a un asesino que se come a sus víctimas. 
¿Qué harías si descubres que una mancha en el espejo puede hablar y las toallas de un hotel se rebelan como sucede en Una toalla limpia?
Ni te imaginas lo que significa nacer con una cabeza enorme, nos lo relata la desdichada protagonista de El hijo de los monstruos.
En Latin food, un camarero cuenta, a todo aquel que quiere escucharle, la fantástica historia de una cocinera mulata que con sus guisos hechiza a la gente.
No quisiera estar en el pellejo de la viuda cuando oye unos golpes y descubre que tras su puerta está El ataúd de su marido, enterrado ese mismo día.
¿Aceptarías practicar sexo con una hermosa mujer que nunca se separa de su enorme perro negro? 
Nunca te fíes de El vecino del quinto, él sabe todos tus secretos, hasta los más íntimos.
Después de leer este libro desconfiarás de todo y, principalmente, de las butacas de piel blanca, sabrás el motivo leyendo Amantis. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Bocados Sabrosos, el libro del I Concurso de Microrrelatos ACEN

Uno se mis micros ha sido seleccionado para aparecer en este libro, se titula Envidia, ya está publicado en este blog, pero vuelvo a dejarlo por aquí.

Se quedó prendado de su cuello, largo, hermoso, eterno. Anudado a las pestañas que abanicaban sus ojos negros. Absorto en sus esbeltas piernas, de muslos infinitos. Después, con un suspiro, se alejó con sus patas cortas, arrastrando la cruel barriga por el suelo. ¡Quien fuera jirafa!, anheló el hipopótamo.


Información sobre la presentación del libro facilitada por ACEN:

La presentación de “ Bocados sabrosos” , libro que contiene los 300 microrrelatos seleccionados del I concurso de microrrelatos ACEN, que tendrá lugar el sábado 3 de diciembre a las 12h en la librería Argot de Castellón (más información en www.argot.es ).

Los beneficios de dicho libro irán destinados a actividades de promoción de la lectura para niños y niñas con parálisis cerebral . Para ello hemos firmado un convenio con la Fundación Borja Sánchez ( www.fundacionborjasanchez.org ). El día de la presentación del libro “Bocados sabrosos” varios niños y niñas de la Fundación vendrán a leer microrrelatos junto con los/las autores/as que estén presentes. También el día 27 de noviembre, como primera actividad, durante la celebración de la V marcha no competitiva por la igualdad de oportunidades de las personas con discapacidad, ACEN facilitará un cuenta cuentos para todos los pequeños que participen en la marcha.

Consulta en este enlace los relatos seleccionados para su publicación:
http://acencs.org/?p=373



martes, 4 de octubre de 2011

El precioso libro de la Fundación Abbot


Hoy se celebra el acto de entrega de premios del Certamen de Relatos sobre Enfermedad Crónica, organizado por la Fundación Abbot. Por la distancia, será en Madrid, y el trabajo, me será imposible asistir. Los ganadores y finalistas se recogen en un precioso libro, con prólogo de Carmen Posadas, y tengo la suerte de que mi relato EM o el Poder de las Letras se encuentra incluido en él. Hace unos días recibí en mi casa varios ejemplares y, nada más verlo, pensé que había merecido la pena el tiempo invertido en escribir este cuento, y espero que su lectura pueda servir de consuelo a las personas que padecen esclerosis múltiple.

Me han publicado muchos cuentos en antologías de certámenes, creo que ando por la treintena, pero, sin duda, este libro es el mejor editado. Todos los relatos están acompañados de unas hermosas ilustraciones, en blanco y negro sobre un papel transparente, y en color. La portada, de un azul intenso, tiene un tacto aterciopelado y dos lazos de raso cierran el libro. El papel y el tipo de letra se alian para facilitar la lectura. Creo que el futuro de los libros en papel estará ahí, en obras con una buena edición, que seduzcan al lector, si no, el libro electrónico se lo comerá todo. 



NOTA DE PRENSA

La Fundación Abbott convocó en 2010 la primera edición del Certamen de Relatos Fundación Abbott sobre Enfermedad Crónica. El objetivo de esta iniciativa es el de concienciar a la sociedad de la repercusión que estas patologías causan, tanto a las personas que las padecen, como a su entorno social y familiar. La dotación del Certamen consiste en el premio de 3.000 euros para el relato ganador y la concesión de un accésit de 1.500 euros.




La temática de los relatos era libre, siempre y cuando estuviese relacionada con las enfermedades crónicas. La convocatoria resulta un gran éxito de participación al recibirse casi 500 relatos, muchos de ellos de gran calidad tanto formal como en la pertinencia de su temática con los objetivos de sensibilización perseguidos con esta iniciativa.
Tras las oportunas deliberaciones los miembros del Jurado de este Certamen, acordaron en su reunión celebrada para tal efecto, el siguiente fallo:
Relato Ganador del Premio:

"El Bicho" de Ana Isabel Coco Martín

Relato distinguido con el accésit: "Por Natalie" de Lourdes Aso Torralba

Asimismo el Jurado declaró finalistas a los siguientes relatos, que junto con el relato ganador del Premio y el relato premiado con el accésit, serán editados en el libro conmemorativo de esta I Edición del Certamen:

"Complejas operaciones de división celular" de Elena Alonso Frayle

"El dolor de los abrazos" de María Jesús Franco Durán

"El jardín de las delicias" de Leonardo Pablo Agustina Sanllehi

"EM o el poder de las letras" de Felisa Moreno Ortega

"La luz de la esperanza" de Rosa María Echeverría Pazos

"Mamá está preocupada" de María del Mar Funes Rivas

"No era el final pero se le parecía tanto" de A. Yáñez

"Penélope" de María Jesús Silva García

"Pompas de Jabón" de Manuel Merenciano Felipe

"Recuerdos agrietados" de Carlos Lorenzo Granja

El Jurado del Certamen estuvo compuesto por la escritora Carmen Posadas; Hugo Liaño, Jefe de Servicio de Neurología del Hospital Puerta de Hierro de Madrid y Profesor titular de la Cátedra de Neurología de la Universidad Autónoma de Madrid; José Manuel Sánchez Ron, Catedrático de Historia de la Ciencia del Departamento de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Real Academia Española; y Eduardo Úcar, Presidente de la Sociedad Española de Reumatología, ejerciendo Antonio Bañares, Director General de la Fundación Abbott las funciones de secretario del Jurado.
El acto de entrega del Certamen será presidido por D. Javier Fernández-Lasquetty, Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, y tendrá lugar el martes 4 de octubre de 2011 a las 19:30 horas en el Auditorio de la Real Casa de Correos (Puerta del Sol, nº 7). Ver invitación.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Amantis, mi relato en el Periódico Ideal

Al igual que el año pasado, he participado en el Certamen de Relatos de Verano convocado por el periódico Ideal. Durante el mes de agosto se van publicando los relatos finalistas, de entre ellos se eligirá posteriormente a los ganadores. Ayer, martes, apareció el mío, un cuento titulado Amantis.
Me hace mucha ilusión estar entre los finalistas, sobre todo, porque mi relato ya ha sido publicado, porque ha llegado a un montón de gente que lo ha podido disfrutar, como hago yo con el resto de los cuentos finalistas que se van publicando cada día.
Creo que es una iniciativa interesante que los periódicos incorporen algunas páginas dedicadas a la literatura, pero no como algo anecdótico, sino de manera habitual. Quizás así se consiguiera enganchar más gente a la lectura.
Aquí os lo dejo, por si os apetece leerlo. Feliz verano, aunque ya nos va quedando poco.



Título: Amantis

Alquilé el piso por Internet; pleno centro, noventa metros, con ascensor, a un precio irrisorio. Las llaves la tenía el portero, un hombre de aspecto sucio y desastrado, que no mostró demasiado interés en el asunto, ni siquiera me acompañó a verlo. Me dijo que podía revisar el piso por mí mismo, sin prisas, que cuando terminara ya me cobraría la fianza y el mes por adelantado. ¿Y si no me quedo con él?, le pregunté, asombrado por su actitud. Todos se quedan, contestó y, con gesto siniestro, desapareció tras la puerta.

Aquello me daba mala espina, así que me dispuse a examinar la vivienda con calma, buscando hasta el más mínimo defecto. Tras inspeccionar varias habitaciones, todas en impecable estado, entré en la sala de estar y algo llamó poderosamente mi atención. Una butaca reinaba en la estancia, todos los muebles y objetos parecían estar dispuestos para que ella destacara, incluso la lámpara iluminaba con más fuerza el espacio donde se ubicaba. Una pieza de diseño clásico, tapizada en blanco, con brazos cilíndricos y respaldo con orejeras. Las patas delanteras formaban sendos arcos, mientras que las traseras eran rectas y más resistentes. Desde el instante que la vi, ejerció sobre mí una atracción irresistible. Su piel blanca brillaba como los ojos de un felino al acecho. Pura provocación. Me acerqué con recelo y me senté, dejándome acariciar por sus manos de gata invisible. Entonces descubrí el placer, un placer oscuro que subía en oleadas negras y calientes, como un chocolate dulce y espeso que se iba derramando por mi cuerpo, que enredaba mi entendimiento.

Esa misma noche me instalé en la casa. El portero, que me recibió con una sonrisa sarcástica bailándole en los labios, no mostró inconveniente en que me quedara. Contó los billetes y los guardó en un bolsillo interior de su chaqueta. No me dio ningún recibo, ni yo me atreví a pedírselo. Un mal presentimiento pasó fugazmente por mi cabeza; lo alejé de un manotazo, ¿qué podía salir mal? Disponía de un piso magnífico a un precio irrisorio y, además, estaba lo de aquel sillón, jamás había experimentado una sensación tan irreal y a la vez tan intensa.

Los primeros días sólo pasaba allí los ratos libres. Nada más sentarme, caía inmerso en una felicidad absoluta, un goce indescriptible que me dejaba más agotado que el sexo. Luego, buscaba con ansia esos momentos de ocio, y llegué a renunciar al resto de mis aficiones. Ya no quedaba con mis amigos, ni me iba los sábados a la discoteca. No necesitaba buscar chicas para noches de pasión. La butaca de piel blanca me proporcionaba el placer más inmenso que nunca hubiera podido imaginar.

En pocos días empecé a faltar al trabajo, perdí peso, los amigos y las ganas de moverme. Sentarme en aquel sillón se había convertido en mi única obsesión, un vicio que me dominaba, no conseguía permanecer ni unas horas alejado de él. En un intento de conservar mi trabajo, pues ya se me habían acabado las excusas para ausentarme, adelanté las vacaciones. Treinta días que pasaron en un sueño. No fui consciente del tiempo transcurrido hasta que me llamaron de la empresa. Debería haberme incorporado el lunes de esa semana, y ya era jueves. Mi jefe, furioso, amenazó con despedirme. No me importó. Ya no necesitaba el trabajo, ni a los amigos, que se habían cansado de llamarme; ni a mi familia, que vivía mi encierro voluntario con preocupación. Lo tenía todo. Un placer extraordinario que, cada día, conforme me sentía más débil, vivía con mayor intensidad, al límite de la extenuación.

Una semana después me faltaban fuerzas para realizar las tareas más básicas. Llevaba cinco días sin comer nada sólido. Apenas me levantaba del sillón, ni siquiera para ir a la cocina a prepararme algún alimento; a lo sumo, cogía lo primero que encontraba en la nevera. No salía a la calle, pronto los víveres empezaron a escasear. La última jornada sólo bebí agua del grifo. Al ir al baño y mirarme en el espejo, al ver mi rostro cadavérico, las cuencas de mis ojos hundidas, la piel transparente que mostraba sin pudor el contorno de mis huesos, comprendí que se acercaba el final.

En un intento desesperado por recuperar al hombre, aseado y pulcro, que hasta hace poco fui, busqué la maquinilla de afeitar. En el baño, como en toda la casa, reinaba el caos. Por fin la encontré debajo de unos calzoncillos sucios. Las manos me temblaban demasiado, tras varios cortes en ambas mejillas, desistí. Vi correr la sangre por mi rostro, arrastrándose como una serpiente venenosa. Por su color granate oscuro y su aspecto reseco parecía que se hubiera derramado mucho tiempo atrás. Parecía la sangre de un muerto.

No había ninguna salida, sólo deseaba sentarme sobre ella y esperar, pero antes tenía un encargo que cumplir. Sin molestarme en limpiar mi cara, me fui hacia el salón, debía ahorrar la poca energía que me quedaba. Encendí el ordenador, tecleé con dedos torpes un par de frases. Mi instinto de supervivencia me gritaba que pidiera ayuda, que enviara correos a los amigos, que entrara en el Messenger por si había alguien conectado. Yo sabía que era inútil. No me dejaría, me vigilaba de cerca.

Unos minutos más tarde, cumplida mi última misión, me dejé caer sobre la butaca de sedosa piel blanca. Sabía lo que me esperaba, pero no me quedaban fuerzas para luchar. Devoraría mi cuerpo, como una amantis deliciosa y cruel. Antes de morir, de desaparecer engullido en la voracidad de sus abrazos, había puesto el anuncio del piso en Internet.

“Un auténtico chollo: Pleno centro, noventa metros, con ascensor…”.