sábado, 16 de noviembre de 2013

Presentación de María López



María López, la primera por la izquierda, fue la encargada de hacer la presentación de mi novela.
Se lo pedí porque le estoy inmensamente agradecida, porque ha revisado la novela hasta pulirla al mínimo detalle. Es doctora en Lengua Española y una apasionada de su trabajo. Le he pedido que me pasara el texto para compartirlo con todos vosotros, pues creo que merece la pena leerlo. Gracias, María.

"Queridos asistentes, entre ellos, muchos paisanos y amigos…

Es para mí un honor poder compartir con ustedes este acto en el que nos aúna como
cometido darle la bienvenida a un esperado alumbramiento literario.
Además de esta insondable satisfacción me amenaza otro inevitable sentimiento:
la responsabilidad que me impone este espacio. Si bien mi experiencia profesional me
ha llevado a desempeñar quehacer próximos, el proscenio nunca había sido mi pueblo.
Muchas gracias, Felisa, por brindarme esta oportunidad y muchas gracias por todo lo
anteriormente ofrecido:
Tuve la dicha de asistir a este parto desde el goce previo de su gestación. Fuiste
capaz de deleitarme, como en reiteradas ocasiones, con tu creación, un deleite
inagotable en cada una de las páginas que aquí nos compete presentar.
Considero que huelga insistir en los logros de tu autoría ante quienes muy
probablemente ya hayan sido víctimas de tus secuestros literarios precedentes.
Con La asesina de los ojos bondadosos inauguró merced a un merecido premio
de la Diputación de Jaén una trayectoria avalada por otras prolíficas producciones de
distinto género: su antología Trece cuentos inquietantes, su novela juvenil El club de las
palabras prohibidas, sus relatos publicados en distintos soportes de ámbito nacional y
allende el Atlántico, sus artículos periodísticos, entre otros.

Y ahora, ¿qué nos regala Felisa?

Les puedo adelantar que no es fácil verbalizar todo y cuanto me ha provocado la
lectura de La nieve en el almendro.


Aunque mi misión inicial cuando me enfrento a un escrito suele ser actuar con

determinadas exigencias como juez de corrección lingüística (falta de signos de

puntuación, usos pronominales inadecuados, ausencias de tildes diacríticas aliadas de

incómodas ambigüedades, etc.), con este texto me he visto abocada a otra tipología de

beneficios.
La corrección idiomática, prácticamente impecable: siempre fue para mí en el caso de

nuestra escritora, un valor añadido: su sensibilidad literaria versus a su formación


científica: valores numéricos, índices económicos, estadísticas, porcentajes, etc.

Y es que a pesar de que el arte de la palabra nos pertenezca a todos, su artificio

no siempre nos es innato. Hemos aquí la valía de nuestra autora: artífice de las letras sin

dejarnos indiferente.
La técnica narrativa de analepsis o retrospección, su manejo del contrapunto nos


permite emprender en su novela viajes temporales de ida y vuelta.

No nos cuenta Felisa una única historia lineal. Sus personajes maduran,

envejecen y regresan reiteradamente a su niñez. Todos nos hacen partícipes desde su

nostalgia, de un pasado del que todavía no han podido liberarse, un tiempo pretérito que

nos convierte en cómplices de inquietantes desdichas. Y es que la autora, os confieso,

nos hace sufrir… de una forma casi… me atrevo a decir, imperdonable.

Mas…. tal vez sea esa la causa que nos mantendrá alertos durante toda la novela

en pro de la persecución de un anhelante consuelo, de una merecida recompensa.

En esos itinerarios temporales, el lector podrá hallar sin gran esfuerzo determinadas

identificaciones generacionales.

Entre la superposición de escenarios cronológicos, nos situamos a finales de la

década de los setenta: la mirinda, la pretecnologí,a los envases retornables, los zapatos
de charol, los sillones de escay, las zapatillas John Smith o las Converse All Star,


Sandokan, el cuadro con la cigüeña que testimoniaba nuestro nacimiento…

La abuela Catalina nos traslada, con el relato de sus amenazantes historias, a una época

incluso anterior, en la que a pesar de la insalvable escasez, imperaban otros

reivindicados valores:
Allí se crió tu madre, en el cortijo del Aljibejo, ¿te suena el nombre? Maldita la

hora en que hablamos de venirnos ala ciudad, en el campo no teníamos lujos
 
pero vivíamos en paz.


A algunos de los presentes les resultará familiar el topónimo mencionado:

Aljibejo. Pues sí, de allí, de Noguerones son los ascentros de Julián, uno de nuestros

personajes, pero… también jiennense es Salvador, quien nació en nuestro pueblo,

Alcaudete, aunque desembocara en Madrid, emplazamiento geográfico de la historia.

Víctima de aquellos tiempos de prohibiciones y estigmas es Macarena, cuyo

honor mancillado fue la causa de la muerte de su padre.

A esa ubicación localista contribuyen de forma especial las intervenciones del
citado personaje de la abuela, lingüísticamente decorado con cuidada precisión: anisete,



buchito, la calo, chorreón, chuchurrir, pelandusca, alma en pena, coscorrón, naiden,
 
probe… y un sin fin de epéntesis consonánticas y otras curiosas expresiones diatópicas,

como el vocativo nene.

La manipulación de estos recursos y otros, tales como:

· Ágiles sinestesias: palabras tiernas que sabían a helado de turrón;


· acertadas comparaciones; sugerentes metáforas y/o hilvanadas alegorías:
colorada como un pavo; más raro que un grajo blanco; Marta, un mamífero de

piel brillante, como el animal acuático que lleva su mismo nombre

Soy viejo desde aquel día, cuando descubrí que la piel de una mujer puede ser

más hermosa que un almendro en flor y que una mancha roja en el suelo puede
 
destruir tu futuro.

El detenimiento exhaustivo de las descripciones.

Y, como no, la literatura dentro de la literatura.


Estas y otras estrategias llevan al lector a una inmersión mágica en historias

personales tan verosímiles como conmovedoras.

Julián, Salvador, Carlos, Macarena, la madre nos contagian, como ya he

manifestado, de un inexcusable sufrimiento. Pero no solo en ellos hizo estrago el

pasado: también María, la cocinera, había perdido a su hijo, Incluso don Andrés, el
director de Seguros El resplandor tenía justificado su despotismo.


La frustración, la decepción, el desprecio, las humillaciones, la imposibilidad de

amar y ser amado, las infidelidades, la muerte… nos retan a un ilimitado desaliento.

¿Quién será capaz de permanecer impasible ante las vejaciones padecidas por Julián de

manos de sus enemigos escolares?:

La resignación de este personaje nos acompañará durante el desarrollo de toda la obra:
Un nacimiento imperfecto:



Me partía de risa tratando de imaginar cómo papá y mamá me iban fabricando

a partir de piezas sueltas, seguro que conseguidas en algún desguace, así salí yo

de especial.
 
Una infancia cruel y de desamparo…



Quizá en el colegio habían notado mi escasa valía, lo poco que importaba a nadie, por

eso se metían conmigo una y otra vez. Aquel mismo día, me había encontrado de frente

con Isidoro, que me miró con odio antes de empujarme contra la pared. La mala suerte,

mi fiel aliada, hizo que me golpeara contra la esquina de una columna, el dolor fue muy

intenso. Noté que algo caliente me chorreaba por el cuello y me sentí mareado. Al

principio, Isidoro me observaba riéndose, pero cuando vio la sangre se asustó y salió

corriendo.
 
Una madurez precoz en una adolescencia frustrada

¿Tendrá posibilidad este personaje, ahora convertido en propietario de una taberna en

un barrio madrileño de cambiar el signo de un destino?

¿Podrá ser feliz ese niño al que ninguneaban en su casa frente a los mimos recibidos por

su hermana, al que maltrataban el colegio con actitudes que marcarán decisivamente

nuestra alma? ¿Llegará a recuperar su amor platónico socialmente castigado?

Seremos conocedores de todo lo acaecido en su vida cuando nos dé la oportunidad de

releer, a mismo tiempo que lo hará él, las entregas intercaladas de sus retazos

biográficos de la mano de Salvador, quien había sustituido la pluma por una barra de

bar, sin abandonar nunca la posibilidad de ver cumplida su vocación de escritor.

Hasta el desenlace no podremos conocer el desvelo de muchos de lo secretos advertidos.

La intriga presente desde el principio de la novela será el principal ingrediente que

lidere nuestros deseos de continuar y garantice el placer incontenido de la lectura.

Elementos añadidos inundan las páginas: historias que crecen en los árboles,

evocaciones de profunda sensualidad, deseos sexuales, erotismo, síntomas de

embriaguez, enfermedades venéreas, la efimeridad de la belleza, la prostitución…

Hasta del sadomasoquismo tan de moda en algún best seller actual se ha hecho eco

nuestra autora.

Podría seguir aludiendo a miles de aciertos a los que aquí no podría hacer

referencia, pero estimo que ha llegado el momento de que sea la protagonista de este

encuentro quien nos cuente qué la ha instado a reunir en su obra tantos anhelos

frustrados, irreversibles o no (esto último únicamente ustedes podrán valorarlo).

Solo le lanzo a ella un interrogante: Conocemos algunas creaciones en las que la

literatura sirve de pretexto para desarrollar la literatura. Rescato de mi memoria un libro
que me permitió hacer una justa y renovada interpretación del Quijote. Me refiero a El

autor que compró su propio libro. He aquí la pregunta ¿Cuál ha sido, Felisa, tu fuente


de inspiración cuando has empleado este recurso?

Antes de obtener tu respuesta, no me resisto a compartir con ustedes tres

fragmentos de la obra y que sea el protagonista, Julián, quien os hable:
No se daba cuenta de nada ni siquiera de que yo la necesitaba más que nunca,

que no quería ropa, ni siquiera aquel reloj digital, marca Citizen que tanta

ilusión me hacía. No, lo que realmente necesitaba era su cariño, su

comprensión, que me escuchara, tenía tantas cosas que decirle y mi desamparo

era tan grande…

A veces me preguntaba qué le había hecho yo a mi madre para que no me

quisiera, para que ni una sola ve se acercara al colegio a preguntar a los

profesores sobre mi comportamiento o mis notas, para que no se acordara de ir

a mi cuarto a darme las buenas noches. Yo estaba seguro de que, si lo hubiera

hecho, si ella se hubiera acercado un poquito a mí, le habría confesado lo que

pasaba en mi colegio, las humillaciones a las que me veía sometido, los insultos,

las palizas… Y todo hubiera sido diferente. El sonido del timbre me sacó de mis

pensamientos.

Otra vez los recuerdos, otra vez las humillaciones. La vida es un ciclo, como el

del agua, va pasando por diferentes estados para, al final, volver a su forma

inicial, líquida. En lo gaseoso imaginamos que podemos llegar a ser lo que

queramos, que nuestro destino será amable, nuestro futuro prometedor. Ese

estado es pasajero, son breves los momentos que pasamos en ese cielo utópico.

Había vivido my pocos instantes de esos.

Al verla desnuda acudió a mi mente la imagen de un almendro nevado de flores,

el único árbol que se atreve a desafiar al invierno, a florecer en el helado mes

de enero, mientras el resto de las plantas permanecen aletargadas. Así era

Macarena, como la nieve en el almendro, una nieve cálida, fabricada con

pétalos d s de flores y capaz de iluminar la grisura que recubría mi vida.
 
Sin más dilación, ahora sí, les sugiero, les recomiendo (ojalá pudiera obligarles) que se
dejen secuestrar por La nieve en el almendro, donde, una vez más, Felisa Moreno ha
 
sabido con las palabras construir sueños."