jueves, 11 de agosto de 2011

La insoportable levedad de la fama

Hace unos años, creo que coincidiendo con el resurgir de mi afición a la escritura, decidí solemnemente no ver programas de cotilleo. Me negué a contribuir al éxito de la televisión basura, a ser un número más entre los millones de personas que hacen que este tipo de programas se mantengan en la parrilla año tras año, en versiones cada vez más aberrantes.
A veces, cuando cambio de canal, me detengo un momento en alguno de alguno de estos esperpentos, pero en poco rato siento vergüenza ajena ,y cambio antes de que mis hijos puedan contemplar ese espectáculo lamentable.

Hace unos días, sin embargo, comía sola, así que puse la televisión en la Primera para ver las noticias, como era pronto aún estaba el programa Corazón, creo que se llama, y lo vi enterito. Norma Duval, con muchos años más, que apenas pueden disimular ni el maquillaje ni la cirugía, mostraba orgullosa su casa; la duquesa de Alba se bañaba sin pudor alguno, mientras su novio se negaba a hacer declaraciones, y la presentadora describía sin miramientos la relación de bienes de la Casa de Alba. Durante todo el programa me tuvieron en vilo por el anuncio de una ruptura, que resultó ser la ¡tercera! de Guti con una modelo a la que no conozco, me sentí un poco decepcionada. Por la importancia que la iban dando durante todo el programa llegué a pensar que se trataba de la del príncipe con Letezia.
A pesar de todo, lo que más me llamó la atención, lo que me dejó toda la tarde con una sensación extraña, fue la forma de caminar de Paris Hilton.
Recién llegada a Ibiza, sale del aeropuerto con las manos en la cintura, los brazos en jarras, más que caminar, desfila. De vez en cuando, levanta la barbilla y ofrece su mejor perfil a las cámaras. Su vida es una pasarela, vive por y para esas fotos que le toman cada vez que sale a la calle. Trato de imaginar como será en la soledad de su habitación, cuando nadie la mira, pero no puedo. Quizás sólo exista para ser contemplada, quizás, cuando se queda sola, desaparece.

2 comentarios:

José Antonio López Rastoll dijo...

En el relato de Henry James "La vida privada" hay un personaje que es tan superficial que no existe en la esfera privada.
No creo que nos ocurra, aunque veamos algún programa de corazón.

Un abrazo.

B. Miosi dijo...

Hola Felisa! Leí tu cuento y me fascinó. Ya di mi voto, ¡espero que ganes!

Besos!

Blanca