jueves, 15 de septiembre de 2011

Más sobre perder o dejar de ganar,que no es lo mismo.

A raíz de mi entrada Aprender a perder, Mercedes, me ha dejado un comentario muy interesante, y he querido compartirlo con vosotros, así como, la réplica que yo le he hecho. Espero no ponerme demasiado pesada con este tema.


“Perder”
Yo creo que el concepto de “perder” (ya sea en un concurso o en cualquier aspecto de la vida) es muy relativo. Porque, a mi modo de ver, si hay algo que perder (tanto en la vida, en los concursos, en las relaciones humanas…) imagino que dependerá de nuestras expectativas. Con relación a esto, y siempre desde mi opinión, sólo podríamos perder aquello que antes era nuestro, y en este sentido no parece que se pueda perder nada.

En realidad, la ganancia suprema del escritor, creo que debería estar en la producción de escritos; quiero decir en mantenerse motivado y en que las historias fluyan. A perder un concurso no creo que se aprenda, porque esto va más con nuestra actitud y con lo que he comentado antes sobre lo que valoramos como pérdida o ganancia en la escritura. Si nos tuvieran que enseñar a perder, también, creo, deberían enseñarnos a ganar. Y, en realidad, tendríamos que preguntarnos primero: ¿qué entiendo yo por perder o ganar en el mundo de la escritura? Se gana cuando has concluido una historia, cuando estás satisfecho con tu trabajo, cuando disfrutas con lo que haces, cuando a la gente le gustas. Se gana de muchas formas. Y, sobre todo, lo que se gana o se pierde nunca puede depender de los demás, porque si escapa a nuestro control, estamos dejando que otros nos digan lo que tiene un valor para nosotros y lo que no lo tiene. Un escrito, que tú consideres bueno, que estés satisfecha con él, no puede convertirse en una frustración porque no haya sido elegido como ganador o como finalista en un concurso; tampoco se puede hablar de un buen escritor o una buena escritora por haberlo ganado. Por poner un ejemplo, hay mucha gente válida y preparada que está en paro, mientras que hay otra gente menos válida y menos preparada que ocupa buenos puestos en el mercado laboral. ¿Tendríamos que pensar que si alguien no tiene trabajo es porque no vale? Yo creo que no. Tampoco esa persona debería decir que es una perdedora, porque si pensara eso no seguiría buscando trabajo.
Yo siempre digo que en cualquier aspecto de la vida, mi parte, la que depende de mí, la que yo controlo, la voy a cuidar, a mimar y a trabajar todo lo que pueda. Ahora bien, la otra parte, la que escapa a mi control (tanto en una oposición, un concurso, un trabajo…), ésa no me preocupa, porque está rodeada de factores que, en un momento, me pueden favorecer (incluso sin merecerlo) o me pueden perjudicar (también sin merecerlo). ¿Dónde estaría entonces el madero que te mantiene a flote cuando sales a navegar? Pues yo creo que debemos llevarlo con nosotros. Si en el viaje nos suben en un Transatlántico, mira tú que bien. Pero si nos hunden la barquilla, que sepan que no nos vamos a ahogar.


Londre, Hyde Park, la foto es mía, he decidido no abusar de las imágenes que circulan por internet.
Mercedes, creo que tu reflexión es muy buena, y coincido prácticamente en todo con ella. Utilicé el término perder porque me gustaba el juego de palabras “aprender a perder”, pero coincido contigo en que no ganar un premio no significa que hayas perdido nada, pues nada tenías, tan sólo la satisfacción de haber culminado un trabajo, que no es poco, sobre todo si se trata de una novela.

Por otra parte, no creo que el escritor que se sienta satisfecho tan solo con la producción de escritos, es más, creo que un relato o una novela no está terminada hasta que llega al lector, que es éste quien le da su verdadera entidad. Hay gente que escribe como terapia, eso es otra cosa, el verdadero escritor desea ser leído, por eso puede llegar a ser frustrante no acceder a ningún premio o editorial que le permita ver su obra publicada.

Cuando yo hablo de aprender a perder, me refiero a saber encajar esa parte de la actividad literaria que no depende de nosotros. Como bien dices es nuestra obligación trabajar para mejorar lo que hacemos, o más que una obligación, obtener una satisfacción del trabajo bien hecho. Si bien, tú sabes como yo, que no siempre es premiado o editado la mejor obra trabajo, que muchos nos quedamos horrorizados cuando leemos las novelas galardonadas en certámenes importantes.

Con mi entrada quería ofrecer unas palabras de aliento a aquellos escritores que empiezan, que aún no han conseguido publicar nada, para que no se desanimen, para que no desistan en su empeño si realmente creen en lo que hacen. En otros post he comentado que, con los años, he aprendido que cada obra (si es medianamente buena) encuentra su lugar, y eso me ayuda a encajar mejor los contratiempos, el comportamiento aleatorio de esas variables externas que no dependen de mí, ni de la calidad de mi literatura.
Gracias, Mercedes, por tu aportación, que sirve para ampliar y esclarecer mi texto.





10 comentarios:

Paseo por las nubes y por el alambre dijo...

Hola, Felisa:
Gracias por compartir mi comentario en una de tus entradas de blog. Veo que estamos de acuerdo en eso que llamamos “perder” o como tú bien dices: “no ganar”.
Sí que me gustaría puntualizar un poco sobre el concepto de novela terminada o escribir como terapia. Es cierto que un escritor, por lo general, escribe para ser leído, y que muchas novelas también pueden escribirse como terapia personal (eso sólo lo sabe el escritor; incluso a veces ni siquiera es conciente de ello –pienso-). Ahora bien, una novela no sólo está terminada cuando llega al lector. Y en este sentido te comento que yo pensaba lo mismo que tú hasta que alguien me hizo caer en la cuenta de que estaba equivocada. Muchos escritores consagrados (y algún que otro premio Nobel) han comentado con respecto a alguna de sus grandes novelas, que se limitaron a escribir lo que a ellos les hubiera gustado leer. Entiendo, entonces, que la escribieron prescindiendo del público; la escribieron para ellos mismos. Y con respecto a esto, hay una pregunta que yo me hago muy a menudo (y también le suelo hacer a la gente) y que no tiene nada que ver con la escritura, pero que nos podría servir en este sentido. Es esta: “¿Si estuvieras en una isla desierta, seguirías arreglándote, peinándote, perfumándote, cuidando tu imagen..., como haces ahora?” Y lo pregunto porque no me queda claro si el cuidado de nuestro físico, nuestro acicalamiento, se hace pensando en los demás o también por nosotros mismos. Porque, con respecto a eso, te confieso que yo me seguiría cuidando, pero, quizás, no tanto como si sé que me voy a encontrar con alguien ahí fuera (y si no, que se lo pregunten a la gente cuando viene de vacaciones a un sitio donde no conoce a nadie y le importa un pimiento que la vean por la calle de cualquier manera). Ahora bien, con respecto a la escritura, sí que lo tengo más claro. Si me dejan en una isla desierta, yo voy a seguir escribiendo; incluso a sabiendas de que nadie me va a leer. Y lo haría con el mismo cuidado y "acicalamiento" que pongo ahora. Quizás porque la escritura se parezca mucho a eso de hacer deporte, donde cada cual se machaca en el gimnasio con un fin particular y personal: mejor imagen; necesidad; prescripción facultativa; hobby; porque está de moda…
En resumen, yo pienso que una novela está terminada cuando le añades el punto final (sea inventada, real, terapia o lo que queramos). Y si luego encontramos lectores para ella, podemos decir que la novela, además, se ha compartido (incluso la han premiado, si fuera el caso). Pero de su existencia no podemos dudar, como no podemos dudar que existan muchas de las cosas que no vemos o a las que no tenemos acceso.

Uy, otra vez mil perdones, Felisa. Ya sabes que soy una charlatana incurable (por algo me castigaban las monjas casi todos los días con una lengua de fieltro asquerosa colgando de la boca).

Un abrazo y gracias por abrir estos debates tan interesantes.

MAR SOLANA dijo...

Hola, chicas:
Jo, que interesante se ha puesto esta charlilla cibernética. Con permiso de Felisa, me gustaría dejar mi opinión para rebatir algunos puntos.

A Mercedes poco voy a departirle porque si yo estuviera en una isla desierta escribiría en las piedras o en las hojas y sería capaz de enseñar a leer a los aborígenes (si los hubiera) para compartirlo con ellos. Tan sólo un punto en el que disiento con ella: bajo mi humilde entender, no creo que escribir pueda compararse con ningún deporte (incluido el futbol ;) o con el machacamiento en un gimnasio. El deporte tiene un aspecto social y material mucho más evidente y palpable que la escritura y pertenece a una esfera más cultural. Escribir es un arte y está más cerca de un oficio artesanal, como el de alfarero o tornero, que de una profesión. La escritura es una forma de comunicación exclusivamente humana y por ello, imponderable y excelsa. Además de su lado social y material, como el deporte, porta un lado espiritual mucho más poderoso. Y aquí enlazaría el aspecto en el que también discrepo con Felisa: cuando escribimos, barajamos muchos aspectos que son inseparables, es nuestra mente la que los separa para dejar al ego conforme (o que proteste menos:). No podemos decir que unos escriben como terapia y otros para ser leídos, ¡cuántos clásicos, con una producción innumerable de escritos, jamás persiguieron publicar! Es más, algunos escritores se han consagrado de forma póstuma, ¡ay, si levantaran la cabecilla de las malvas! (como decía mi abuela;). O que le digan a Kafka si pensaba en el lector cuando escribió su inigualable “Metamorfosis”, de hecho él nunca buscó publicar...

En fin, lo que quiero decir es que escribir es un conjunto y no se pueden separar las motivaciones tan fácilmente. Todos los que escribimos sabemos lo que nos sana hacerlo. Yo misma, tengo algunos textos que son puro desahogo y que ni siquiera me he planteado compartir. Creo firmemente que escribimos como terapia y para comunicarnos.

Los certámenes son una pequeña parte lúdica del oficio de la escritura, es como si el alfarero sale de su taller y prueba suerte en una feria para exhibir sus obras y de paso, que le conozca más gente. Como en un juego, los certámenes literarios son al tiempo estímulo y frustración porque no siempre se gana (casi siempre se pierde); el alfarero puede no tener suerte y quedarse plantado con sus filigranas en el puesto de la feria, ¡hay otros puestos! Sin embargo quizá alguien se acerque a conocerle a su taller. Perder o “no ganar” no es en absoluto relevante. Y he llegado a este convencimiento después de “opositar” a algunos concursos (de algunos mejor ni hablamos…; aunque, por supuesto, y sin ser una ludópata de los certámenes, ello no es óbice para que volver a jugar, en el fondo, es divertido. Sin embargo, cuando recibes por correo electrónico mensajes de personas anónimas (que no conoces) que te dicen cosas como: “Mar, estoy deseando salir del curro para ver que te has inventado…” Aunque sólo fuera uno, ¿no creéis que merecería la pena escribir sin más pretensión que comunicar y dar satisfacción a ese lector? ¡A mí me resulta mágico!

Ahora mismo, y después de escribir este comentario-papiro (perdóname, Felisa), me siento enormemente satisfecha porque sin machacarme, despeinada y en pijama y sin pretender ser la mejor, he disfrutado muchísimo intentando comunicaros mi opinión. Y os la dejo así, sin pulir o darle barniz, el jarrón en bruto:).

Aunque el objetivo de publicar sea muy loable en el escritor, escribimos para intentar comunicar lo que no llega con el lenguaje hablado (cada vez más complicado porque la escucha es un bien a la baja…) y para ir cerrando esas profundas heridas que sólo nos punzan a nosotros.

Felisa, te pido disculpas otra vez por la extensión y te doy las gracias por abrir una tertulia entre compis tan interesante.

Un abrazo de artesana para las dos.

Felisa Moreno dijo...

Gracias chicas, Mercedes y Mar, por vuestras aportaciones. Perdonad que no me extienda en la respuesta, anoche estuve de feria y mi mente está un poco embotada. Supongo que a la escritura cada uno llega por una motivación, lo importante es disfrutar, y como he dicho en otras ocasiones a mí me está proporcionando experiencias muy interesantes. A veces buenas, otras no tanto, pero todas ellas me hacen vivir y tener otra ilusión más en la vida. Y, sobre todo, me ha llevado a conocer personas, como vosotras, que de otra forma, jamás habría tenido la fortuna de encontrar en mi camino. Supongo que a veces puedo dar la imagen de una persona competitiva, nada más lejos de la realidad, lo que si soy es luchadora, eso lo he tenido que ser toda mi vida, a la fuerza; y también cabezona. Un abrazo.

Paseo por las nubes y por el alambre dijo...

Hey, Mar, besillos desde la ventana,en camiseta y con chanclas, je, je.
Oye, no es ninguna discrepancia que no estés de acuerdo con la comparación que hice sobre la escritura y el deporte, porque es un ejemplo que me viene bien a la hora de explicar lo que cada cual busca en lo que hace (sea escribir, hacer deporte o cambiar de piso). Y como el deporte lo practica casi todo el mundo sin emplearse a fondo ni pensar en las Olimpiadas, me parecía que tenía mucho que ver con lo de escribir.
Bueno, creo que andamos tan metidas en el tema que hemos olvidado algo importante: si alguien que escribe, lo que quiere es ser leído, ¿por qué no hace como Baricco con su novela "Seda", que la publicó en internet porque quería que la leyera mucha gente? O nuestra compi María José, que acaba de publicar la suya en la red y ya va por no sé cuántas mil descargas...

Yo entiendo a lo que se refiere Felisa con lo de escribir como terapia, y estoy de acuerdo con ella, porque sería como(ahí va otro de mis malos ejemplos)distinguir entre vestirnos para estar en casa o para salir a cenar. Y, desde luego, como ella dice, hay una diferencia. Pero también (creo) que esto es personal, porque mucha gente se arregla incluso para estar en casa, mientras que otra gente prefiere no hacerlo(cuestión de gustos y personalidad).

La verdad es que, quitando todos los ejemplos que a mí me sirven pero que reconozco que a veces no valen, lo que debemos tener claro es el asunto que estamos debatiendo, y no olvidar la definición que cada cual hizo sobre la pregunta: ¿Por qué escribo? De esta forma, creo yo,podemos decir que todos tenemos razón en nuestros argumentos sobre la escritura, los premios, las frustraciones, los objetivos, las pérdidas y las ganancias...
Porque, en el fondo, ocurre como el cuento del agujero donde cada cual metía la mano y según lo que tocaba decía que allí detrás lo que había era un ojo; otro decía que era una pata, otro que una trompa... Y sin ponerse de acuerdo, en realidad, todos llevaban razón; porque lo que había detrás del agujero era un elefante pero cada cual sólo podía acceder a una parte.
Desde luego, si se termina un escrito y hay posibilidad de mandarlo a un concurso, hay que hacerlo (no se pierde nada, y como bien dice Mar, te motiva y divierte). Pero que el hecho de que no salga elegido como finalista o premiado no sirva para pensar que nuestro escrito no vale.

Y pongo un ejemplo (esta vez real y verídico). Mi relato "El secreto del jefe indio" no quedó ni finalista en el primer concurso al que lo envié. Y, sin embargo, luego, en otro, resultó ganador.

Uyy, lo dejo aquí que está tan interesante que se me va el santo al cielo..., je, je.

Besillos de viernes lunero.

Paseo por las nubes y por el alambre dijo...

Ay, Felisa, que no te había visto. Metí mi comentario cuando ya estabas ahí.

Lo sé. Sé que tu "competitividad" si se puede llamar así, es personal (contigo misma), nunca como rival de otros. Y eso sí que es bueno; la superación personal. Lo que no debes es frustrarte en el camino, porque el superarte depende de ti; el resto no está en tus manos (y no siempre se hace justicia).

Más besos

MAR SOLANA dijo...

Oye, Merce, ¿de verdad que las monjas te ponían una lengua de fieltro en la boca??

Jopé, con las monjitas, sí que han hecho de las suyas, sí...
A mí me pareces una charlatana inmejorable y de ultra lujo, que lo sepas... Y yo te pondría un sombrero de oro :))

Sí, tenéis razón, lo importante es escribir y disfrutar haciéndolo. Y es absolutamente respetable lo que cada uno elija hacer con ello: carrera de fondo, entrenamiento, comunicación, terapia o todo junto.

Desde luego, para mí internet es, por ahora, la mejor vía para comunicarme con mis lectores y es muy interesante ofrecer nuestras historias sin que medie nada más que el placer de hacerlo y recibirlo. Sin esperar otra cosa que la satisfacción de ser leído.

¡Muack! Buen finde, chicas.

Victor Fragoso dijo...

¿Perder? ¿Ganar? Conceptos muy subjetivos si de lo que hablamos es de escribir como forma de vida. La comunicación de todo escritor comienza consigo mismo cuando escribe la novela, con las fuentes de las que bebe en su labor de investigación, con las influencias literarias que le marcan como lector y ayudan inequívocamente a mejorar en este complejo arte, con amigos o no amigos que colaboran en cuanto a opinar sobre tu manuscrito. A ello debemos añadir las sucesivas revisiones, cada una distinta, con ojos diversos, las mimas pupilas captando sentidos, direcciones y textos distintos cada vez que vuelves sobre ellos.
En fin, todo ello sin descartar esa última fase en la que llegas a un número amplio o reducido de lectores. En eso sí vamos a estar de acuerdo.
Yo con las primeras aludidas me conformo, sufro y disfruto, vivo cada frase, cada página como un desafío aún mayor que la aceptación de lo que al final resulte.

iris fernandez dijo...

Al final de una discusión: debate de ideas, no de actitudes se llega a la luz y al entendimiento. Se esclarece la profundidad de lo que se habla, se precisan términos, se amplían horizontes.Aprender a perder debe estar en el comienzo, ya con la experiencia y tomando conciencia del valor que se tiene como generadora de escritura por placer o por una angustiosa opresión que te lleva a escribir. Competir con otros no es lo más importante, competir contigo misma poniendo nuevos desafíos a la escritura debiera ser el camino para encontrar eso que buscamos en lo profundo de nuestro ser. TRASCENDER, ser inmortales.

xumeiqing dijo...

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