sábado, 10 de septiembre de 2011

Aprender a perder

Mis hijos y el Mediterráneo (Alicante, 2009)
Si algo he aprendido en los años que llevo escribiendo, ha sido a perder. A no ganar y ni siquiera recibir mención en certámenes literarios, a sufrir rechazos de editoriales y agentes literarios,… Al principio, cada derrota me la tomaba como un fracaso personal que minaba mi autoestima y la confianza en mis escritos. Si enviaba un mismo relato a varios concursos y no conseguía nada, perdía la fe en él, aunque al escribirlo me había parecido bueno, o al menos aceptable.

Al principio, hacía un seguimiento de los certámenes a los que me presentaba y, cuando salían las listas de finalistas o ganadores y mi relato no estaba, era como si me golpearan con fuerza en la boca del estómago. Ahora, me olvido hasta de los concursos en los que estoy participando, no presto atención al desarrollo de los mismos y si, por casualidad, me entero de que se han fallado, sólo noto un ligero malestar que pasa enseguida.

Aún así, hay concursos en los que pongo un interés especial, y reconozco que esos me duelen un poquito más. Me ha pasado con el Premio Setenil al mejor libro de relatos, tenía la ilusión de que mis Trece cuentos inquietantes estuviera entre los finalistas, pero no pudo ser.

Aprender a perder es lo primero que debería plantearse un escritor novel si quiere sobrevivir en el mundillo literario. Creo que podía ser una asignatura más en los talleres literarios.



6 comentarios:

gines vera dijo...

Apreciada Felisa, me he detenido hoy a comentarte esta entrada en tu blog. Te leo ocasionalmente aquí, disfruté con tus Trece Cuentos Inquietantes y estoy de acuerdo contigo en lo de aprender a perder. El oficio de escritor es duro y se alimenta a mi entender de la vocación, de la fuerza interior personal que hace no desfallecer. Ánimo y como digo a menudo, no dejes de escribir.
Y dado que voy impartir en breve un taller de Microrrelato haré mio tu consejo: incluiré esta valiosa lección de humildad y perseverancia en el temario...Estarás en el curso en esencia.
Gracias y un saludo

Albert Piodos dijo...

Hola. surfeando la red, encontré tu blog. Lei tu post y quiero decirte que no creo en los concursos literarios y menos como punto de referencia para tener referencias de la propia obra. Quizá como forma de promocionarse...
Se me ocurre lo que dijo Bukowski "si lo que escribes tiene luz, ya te buscará".
Cordiales saludos

Maribel dijo...

A veces es verdad que nos ilusionamos especialmente con algún concurso en concreto y por eso el desengaño o la decepción es mayor. A este premio se presentan los mejores libros de relatos publicados, todos ellos son dignos de llegar a finalistas, cualquiera de ellos merecería ganar, el tuyo por supuesto. El hecho de no haber tenido demasiada suerte no le quita valor a tus trece cuentos inquietantes.

Un abrazo.

José Antonio López Rastoll dijo...

Hola Felisa,

Me ha encantado tu reflexión, y me siento muy identificado con lo que dices.
Creo que deberíamos tomarnos los concursos como una lotería y el oficio de escribir como un premio.

Un abrazo.

Teresa Cameselle dijo...

Creo que no se aprende, Felisa, la única opción es dejar de participar, pero entonces también pierdes la ilusión de la escritura, el vuelco en el estómago del momento en que lo envías, la dulce espera. Habría que poner las dos sensaciones en una balanza para decidirse: participar o no participar...
Un beso.

Luis Bernardo Rodríguez dijo...

Felisa me identifiqué mucho con tu reflexión. Yo no gané ningún certamen ni llegué a ser finalista, pero me quedo con la esperanza de decir, todavía...
Soy consciente de que debo mejorar mucho, no basta con una idea que me entusiasme, hay otros elementos para manejar, si quiero llegar a un lector, pero voy aprendiendo.