miércoles, 24 de agosto de 2011

Amantis, mi relato en el Periódico Ideal

Al igual que el año pasado, he participado en el Certamen de Relatos de Verano convocado por el periódico Ideal. Durante el mes de agosto se van publicando los relatos finalistas, de entre ellos se eligirá posteriormente a los ganadores. Ayer, martes, apareció el mío, un cuento titulado Amantis.
Me hace mucha ilusión estar entre los finalistas, sobre todo, porque mi relato ya ha sido publicado, porque ha llegado a un montón de gente que lo ha podido disfrutar, como hago yo con el resto de los cuentos finalistas que se van publicando cada día.
Creo que es una iniciativa interesante que los periódicos incorporen algunas páginas dedicadas a la literatura, pero no como algo anecdótico, sino de manera habitual. Quizás así se consiguiera enganchar más gente a la lectura.
Aquí os lo dejo, por si os apetece leerlo. Feliz verano, aunque ya nos va quedando poco.



Título: Amantis

Alquilé el piso por Internet; pleno centro, noventa metros, con ascensor, a un precio irrisorio. Las llaves la tenía el portero, un hombre de aspecto sucio y desastrado, que no mostró demasiado interés en el asunto, ni siquiera me acompañó a verlo. Me dijo que podía revisar el piso por mí mismo, sin prisas, que cuando terminara ya me cobraría la fianza y el mes por adelantado. ¿Y si no me quedo con él?, le pregunté, asombrado por su actitud. Todos se quedan, contestó y, con gesto siniestro, desapareció tras la puerta.

Aquello me daba mala espina, así que me dispuse a examinar la vivienda con calma, buscando hasta el más mínimo defecto. Tras inspeccionar varias habitaciones, todas en impecable estado, entré en la sala de estar y algo llamó poderosamente mi atención. Una butaca reinaba en la estancia, todos los muebles y objetos parecían estar dispuestos para que ella destacara, incluso la lámpara iluminaba con más fuerza el espacio donde se ubicaba. Una pieza de diseño clásico, tapizada en blanco, con brazos cilíndricos y respaldo con orejeras. Las patas delanteras formaban sendos arcos, mientras que las traseras eran rectas y más resistentes. Desde el instante que la vi, ejerció sobre mí una atracción irresistible. Su piel blanca brillaba como los ojos de un felino al acecho. Pura provocación. Me acerqué con recelo y me senté, dejándome acariciar por sus manos de gata invisible. Entonces descubrí el placer, un placer oscuro que subía en oleadas negras y calientes, como un chocolate dulce y espeso que se iba derramando por mi cuerpo, que enredaba mi entendimiento.

Esa misma noche me instalé en la casa. El portero, que me recibió con una sonrisa sarcástica bailándole en los labios, no mostró inconveniente en que me quedara. Contó los billetes y los guardó en un bolsillo interior de su chaqueta. No me dio ningún recibo, ni yo me atreví a pedírselo. Un mal presentimiento pasó fugazmente por mi cabeza; lo alejé de un manotazo, ¿qué podía salir mal? Disponía de un piso magnífico a un precio irrisorio y, además, estaba lo de aquel sillón, jamás había experimentado una sensación tan irreal y a la vez tan intensa.

Los primeros días sólo pasaba allí los ratos libres. Nada más sentarme, caía inmerso en una felicidad absoluta, un goce indescriptible que me dejaba más agotado que el sexo. Luego, buscaba con ansia esos momentos de ocio, y llegué a renunciar al resto de mis aficiones. Ya no quedaba con mis amigos, ni me iba los sábados a la discoteca. No necesitaba buscar chicas para noches de pasión. La butaca de piel blanca me proporcionaba el placer más inmenso que nunca hubiera podido imaginar.

En pocos días empecé a faltar al trabajo, perdí peso, los amigos y las ganas de moverme. Sentarme en aquel sillón se había convertido en mi única obsesión, un vicio que me dominaba, no conseguía permanecer ni unas horas alejado de él. En un intento de conservar mi trabajo, pues ya se me habían acabado las excusas para ausentarme, adelanté las vacaciones. Treinta días que pasaron en un sueño. No fui consciente del tiempo transcurrido hasta que me llamaron de la empresa. Debería haberme incorporado el lunes de esa semana, y ya era jueves. Mi jefe, furioso, amenazó con despedirme. No me importó. Ya no necesitaba el trabajo, ni a los amigos, que se habían cansado de llamarme; ni a mi familia, que vivía mi encierro voluntario con preocupación. Lo tenía todo. Un placer extraordinario que, cada día, conforme me sentía más débil, vivía con mayor intensidad, al límite de la extenuación.

Una semana después me faltaban fuerzas para realizar las tareas más básicas. Llevaba cinco días sin comer nada sólido. Apenas me levantaba del sillón, ni siquiera para ir a la cocina a prepararme algún alimento; a lo sumo, cogía lo primero que encontraba en la nevera. No salía a la calle, pronto los víveres empezaron a escasear. La última jornada sólo bebí agua del grifo. Al ir al baño y mirarme en el espejo, al ver mi rostro cadavérico, las cuencas de mis ojos hundidas, la piel transparente que mostraba sin pudor el contorno de mis huesos, comprendí que se acercaba el final.

En un intento desesperado por recuperar al hombre, aseado y pulcro, que hasta hace poco fui, busqué la maquinilla de afeitar. En el baño, como en toda la casa, reinaba el caos. Por fin la encontré debajo de unos calzoncillos sucios. Las manos me temblaban demasiado, tras varios cortes en ambas mejillas, desistí. Vi correr la sangre por mi rostro, arrastrándose como una serpiente venenosa. Por su color granate oscuro y su aspecto reseco parecía que se hubiera derramado mucho tiempo atrás. Parecía la sangre de un muerto.

No había ninguna salida, sólo deseaba sentarme sobre ella y esperar, pero antes tenía un encargo que cumplir. Sin molestarme en limpiar mi cara, me fui hacia el salón, debía ahorrar la poca energía que me quedaba. Encendí el ordenador, tecleé con dedos torpes un par de frases. Mi instinto de supervivencia me gritaba que pidiera ayuda, que enviara correos a los amigos, que entrara en el Messenger por si había alguien conectado. Yo sabía que era inútil. No me dejaría, me vigilaba de cerca.

Unos minutos más tarde, cumplida mi última misión, me dejé caer sobre la butaca de sedosa piel blanca. Sabía lo que me esperaba, pero no me quedaban fuerzas para luchar. Devoraría mi cuerpo, como una amantis deliciosa y cruel. Antes de morir, de desaparecer engullido en la voracidad de sus abrazos, había puesto el anuncio del piso en Internet.

“Un auténtico chollo: Pleno centro, noventa metros, con ascensor…”.










jueves, 11 de agosto de 2011

La insoportable levedad de la fama

Hace unos años, creo que coincidiendo con el resurgir de mi afición a la escritura, decidí solemnemente no ver programas de cotilleo. Me negué a contribuir al éxito de la televisión basura, a ser un número más entre los millones de personas que hacen que este tipo de programas se mantengan en la parrilla año tras año, en versiones cada vez más aberrantes.
A veces, cuando cambio de canal, me detengo un momento en alguno de alguno de estos esperpentos, pero en poco rato siento vergüenza ajena ,y cambio antes de que mis hijos puedan contemplar ese espectáculo lamentable.

Hace unos días, sin embargo, comía sola, así que puse la televisión en la Primera para ver las noticias, como era pronto aún estaba el programa Corazón, creo que se llama, y lo vi enterito. Norma Duval, con muchos años más, que apenas pueden disimular ni el maquillaje ni la cirugía, mostraba orgullosa su casa; la duquesa de Alba se bañaba sin pudor alguno, mientras su novio se negaba a hacer declaraciones, y la presentadora describía sin miramientos la relación de bienes de la Casa de Alba. Durante todo el programa me tuvieron en vilo por el anuncio de una ruptura, que resultó ser la ¡tercera! de Guti con una modelo a la que no conozco, me sentí un poco decepcionada. Por la importancia que la iban dando durante todo el programa llegué a pensar que se trataba de la del príncipe con Letezia.
A pesar de todo, lo que más me llamó la atención, lo que me dejó toda la tarde con una sensación extraña, fue la forma de caminar de Paris Hilton.
Recién llegada a Ibiza, sale del aeropuerto con las manos en la cintura, los brazos en jarras, más que caminar, desfila. De vez en cuando, levanta la barbilla y ofrece su mejor perfil a las cámaras. Su vida es una pasarela, vive por y para esas fotos que le toman cada vez que sale a la calle. Trato de imaginar como será en la soledad de su habitación, cuando nadie la mira, pero no puedo. Quizás sólo exista para ser contemplada, quizás, cuando se queda sola, desaparece.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Encuentro en Valdepeñas, ¡con más de 300 mujeres!

 Hace unos días tuve la suerte de asistir al encuentro comarcal de asociaciones de mujeres de la Sierra Sur organizado por ADSUR (Asociación de Desarrollo de la Sierra Sur de Jaén). Se desarrolló en el municipio de Valdepeñas de Jaén, un hermoso pueblo de montaña, que merece la pena visitar.

Me invitaron para hablar de mis libros y yo no me pude negar, aunque cuando confirmé mi asistencia no imaginaba que pudiera acudir tanta gente. Era la primera vez que me enfrentaba a un auditorio tan grande, pero creo que conseguimos reducir las distancias entre el estrado y el público, pues al final del acto, fueron muchas las mujeres que se acercaron a felicitarme por la charla. Simplemente les hablé de mi trayectoria como escritora, de cómo a pesar de vivir en un pueblo perdido entre olivos, como la mayoría de ellas, había conseguido llegar a publicar. Sobre todo, quise transmitirles la idea de que nunca es tarde para hacer lo que nos gusta, que las mujeres sabemos organizarnos bien, y que podemos sacar tiempo para nosotras.
Después, leí algunos fragmentos de mis relatos.
Os dejo algunas fotos del encuentro.


 Con las chicas de Cadena Dial, que me entrevistaron unos momentos antes de iniciar el acto.
 Con Manoli y Verónica, responsables de la organización.

 Un momento del acto, en el que Natividad, directora provincial del IAM, lee mi relato "La hermana" incluido en el libro Talla G.
 Un momento de la firma de libros, al final de la mañana, que no se dio nada mal.

Para terminar, la comida, en la foto con la alcaldesa de Valdepeñas, que además de ser política, es madre de tres niños pequeños y, según me confesó, una buena lectora.

lunes, 11 de julio de 2011

¿Vacaciones?



Dentro de unos días tomo las vacaciones en el trabajo y, tras un corto viaje con los niños, pienso dedicar la mayor parte de mi tiempo a la escritura.

Uno de mis objetivos es terminar una novela que empecé hace tres años. Unos días atrás, me planteaba si terminarla o dejarla abandonada para siempre. Entonces uní todo los capítulos, comprobé que llevaba más de ciento cincuenta páginas escritas, la releí completa, y le vi potencial. Quizás con algunos ajustes a la historia y al estilo podría funcionar bien. No podré acabarla en los meses de verano, pero al menos intentaré poner las bases para terminarla antes de final de año.

Antes tengo otro trabajo pendiente: revisar El club de las palabras prohibidas, novela juvenil que voy a publicar con la editorial Edimáter. Después de hablar con Maite, mi editora, hemos llegado a la conclusión de que hay que hacer unos ajustes en la historia, en aras de su credibilidad. Me comenta que la novela engancha, que le está gustando mucho, pero que ve necesario hacer algunos retoques. Suele pasar que los escritores vemos la historia más clara porque la tenemos en la cabeza, pero a la hora de transmitirla, de ponerla por escrito, a veces nos dejamos atrás detalles decisivos para una buena comprensión del argumento. Una vez hechos estos arreglos, quiero darle un repaso de estilo, esta novela la escribí hace tres años, en ese tiempo creo que he mejorado bastante, al menos lo suficiente para ser capaz de detectar errores en mis escritos antiguos. Este trabajo de corrección se va a llevar buena parte de mis vacaciones.

Entre medias, y para distraerme, estoy escribiendo un cuento infantil, una historia de vampiros. No es un género que me atraiga especialmente, sin embargo, le prometí a mi hija que haría algo a su gusto, y este tipo de historias son las que ella prefiere. No sé si llegará a publicarse, pero me estoy divirtiendo mucho escribiéndola. Además, Irene me da consejos sobre la trama, y tengo que reconocer que es una buena lectora, que sabe analizar lo que lee y que sus sugerencias son acertadas.

En fin, no sé si estoy siendo muy ambiciosa, lo más probable es que no tenga tiempo para todo, mi prioridad ahora es la novela juvenil, pues la editorial ya la ha incluido en su catálogo.

viernes, 8 de julio de 2011

64 libros aspiran a ganar la 8ª edición del Premio Setenil

Entre ellos el mío, Trece cuentos inquietantes. La competencia es dura, lo más probable es que mi libro no llegue ni a estar entre los finalistas, no miento si digo que me conformaría con eso, con aparecer en la lista de los diez primeros. El hecho de estar ahí, ya supondría un gran mérito. Ahora toca esperar. Normalmente no suelo estar muy pendiente de los fallos de los certámenes en los que participo, en este caso me lo he tomado con un poquito más de interés y me he puesto una alerta en Google para que me avise de las noticias que vayan apareciendo en la red.



NOTA DE PRENSA:

MOLINA DE SEGURA.- El Premio Setenil al Mejor Libro de Relatos Publicado en España, convocado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Molina de Segura, se ha convertido en un galardón de referencia en nuestro país en el género del cuento. Así lo demuestra la gran participación por parte de editoriales y autores de toda la geografía nacional, habiéndose presentado en esta 8ª edición 64 títulos.

El premio está dotado con 12.000 euros para el autor de la obra ganadora. Este año preside el jurado el escritor Fernando Iwasaki, a quien acompañarán el profesor, crítico y escritor Antonio Parra Sanz y el periodista y escritor Gontzal Díez, ambos colaboradores de “La Verdad”. Está previsto que el jurado emita su fallo en noviembre. El premio se entregará en Molina de Segura en diciembre de 2011.

Los ganadores de anteriores ediciones del Setenil han sido Alberto Méndez, Juan Pedro Aparicio, Cristina Fernández Cubas, Sergi Pàmies, Óscar Esquivias, Fernando Clemot y Francisco López Serrano. Los jurados fueron presididos, respectivamente, por Juan Manuel de Prada, Luis Mateo Díez, Luis Alberto de Cuenca, Ana María Matute, José María Merino, Javier Tomeo y Andrés Neuman.

A finales del mes de septiembre de 2011, el Ayuntamiento de Molina de Segura dará a conocer los diez libros finalistas, y el ganador se hará público durante el mes de noviembre. A mediados de diciembre se realizará el acto de entrega de esta octava edición del Premio Setenil

jueves, 7 de julio de 2011

Alcaudete Imaginado: El pontón


Ya está disponible la nueva edición de la revista municipal Deparenpar, como es habitual, incluye mi colaboración en la sección Alcaudete Imaginado, esta vez la dedico a un precioso paraje de nuestro municipio: El pontón.
En este enlace se puede acceder a la revista completa:

El pontón

El frío empezaba a calar sus huesos. Demasiado cerca del río. Observó con admiración el puente de hierro que se alzaba un poco más atrás. No se cansaba de mirarlo, cada vez le encontraba algo nuevo, una sombra, un perfil desconocido que lo atraía y lo distraía de pensar en su oscura existencia. Había perdido la cuenta de los meses que llevaba así, escondido, alejado del mundo. Ni siquiera recordaba con claridad el motivo de pasar los días ocultándose y las noches robando comida en huertas y casas de campo.
No era una hora normal para que una familia con niños pequeños paseara por la vía, ahora transformada en un carril bici. Hacía años que no temblaba el puente al paso del gigante de hierro, ya no se balanceaba el oro líquido en sus entrañas; pasaron los tiempos felices en que él y su hermano lo observaban desde algún cerro próximo, alertados por el ruido metálico que destrozaba el silencio de los olivares. Solían ir a buscar espárragos o alcaparra, según la temporada, para sacar un poco de dinero, un extra que añadir a la campaña de aceituna, que les permitía renovar su ropa o invitar a las muchachas en la feria del pueblo.

Era un pasado amable al que renunció por propia voluntad, él mismo se labró su sufrimiento, pero eso es otra historia. Ahora está aquí, agazapado tras el pequeño puente de piedra, el hermano antiguo del gigante, tratando de ocultarse de una familia madrugadora, que había amanecido junto a la vía, bien equipada con maillots y cascos de ciclistas. Podría haberse marchado antes, lo habría hecho sin dificultad, acostumbrado como estaba a ser invisible. Algo lo retuvo. Le apetecía ver el rostro de otras personas, oír sus voces, imaginar que mantenía una conversación normal. Y, sobre todo, deseaba ver la cara del niño, no aparentaba más de seis años, los mismos que tenía él la primera vez que su padre lo llevó hasta allí, para enseñarle el tren.

Habían aparcado las bicicletas bajo el puente de hierro, y se adentraban entre las hierbas floridas de mayo para acercarse a la orilla del río que, en su chocar contra las piedras, emitía una canción tan ronca y exaltada como antigua. Por un momento los perdió de vista, hasta que, al girar, se encontró de frente con unos ojos enormes, color almendra, que lo miraban asombrado. Se puso el dedo en los labios, pidiéndole silencio. El niño le hizo caso, no parecía asustado por sus barbas ni por su apariencia desastrada. Si no tienes para quien arreglarte acabas olvidándote de hacerlo, pensó el hombre. En ese momento desearía tener un aspecto más agradable, más cordial. Intentó concentrar toda la dulzura de su alma en la mirada, transmitir la confianza necesaria para que el pequeño no gritara asustado. Aclaró su garganta atrofiada por la falta de uso, y le dijo: Si no gritas te contaré un secreto. El niño no parecía tener miedo, más bien curiosidad por aquel hombre extraño que, a pesar de desaliño, le transmitía calma. Mira allí arriba, ¿lo ves? Parece un puente, ¿verdad? El pequeño asintió con la cabeza, agitándola bien fuerte. A lo lejos se oían los gritos de sus padres que lo llamaban, pero no hizo caso, estaba intrigado. No te dejes engañar, en realidad es una escalera que llega hasta el cielo. Mira bien, ¿ves como los peldaños rozan las nubes?

Los ojos del niño se achicaron, la claridad dañaba sus pupilas. Por fin habló, en tono bajo, para evitar que lo oyeran: ¿Y tú has venido de allí, del cielo; eres un ángel? Al hombre fuerte, acostumbrado a vagar por caminos en noches sin lunas, le tembló la voz, las lágrimas acudieron a sus ojos. Un ángel, repitió sonriendo, sí, así es, un ángel. Por eso no debes contarle a nadie que me has visto, será nuestro secreto, ¿vale? El pequeño prometió que no lo haría y después de darle un beso en su mejilla, áspera y húmeda por el llanto que no había podido contener, se marchó corriendo en busca de sus padres.

El hombre permaneció allí un rato más, ya no tenía frío, el ruido del agua le pareció más amable, el arrullo de una nana, la voz dulce de una madre que acuna a su hijo. El Víboras, que se hacía bravo en aquel paraje, pareció conmoverse con la escena y acalló sus voces, el agua se alejó mansa, como en una despedida.

Quizás fuera el momento de volver a casa.










martes, 5 de julio de 2011

Poema gigante en la Alhambra

(En la foto, con Federico Mayor Zaragoza)

El domingo me encontraba en Granada con mi marido, paseando por los alrededores de la Alhambra. De pronto, nos topamos con una curiosa franja blanca pegada al suelo, gran barullo de gente y de medios de comunicación. Nos acercamos para ver de qué se trataba. Algunas personas escribían pequeños poemas, reflexiones, aportaciones diversas para conseguir el poema más largo del mundo o algo así.
Y no me pude resistir. Así que me puse manos a la obra y escribí este pequeño poema. Quise dedicárselo a mi marido, Granada es una ciudad muy especial para nosotros, además él es granaíno.



Entre otros, participaga  el acto se encontraba Federico Mayor Zaragoza, exsecretario general de la UNESCO, que se acercó a leer mi poema y me felicitó por él, momento que mi marido aprovechó para tomar la foto del principio.

lunes, 4 de julio de 2011

III PREMIO DE POESÍA BREVE, CIUDAD DE ALCAUDETE


¿No os inspira la imagen del Castillo de Alcaudete iluminado ni siquiera un pequeño poema? Podéis encontrar más fuentes de inspiración en internet, o bien visitándonos. El próximo fin de semana se celebran las Fiestas Calatravas en la localidad. Puede ser una buena excusa para conocer Alcaudete. Más información en la página del Ayuntamiento: http://www.alcaudete.es/index.php/es/vi-fiestas-calatravas.html
Por cierto, también hay un concurso de fotografía.

¡Venga, amigos poetas!, animaros a participar en este certamen.

III PREMIO DE POESÍA BREVE


"CIUDAD DE ALCAUDETE"

El Excmo. Ayuntamiento de Alcaudete, a través de su Concejalía de Cultura, convoca el III Premio de Poesía Breve “Ciudad de Alcaudete” con el deseo de fomentar la creación literaria y la aproximación desde la palabra poética a dicha ciudad que se regirá por las siguientes


BASES:

1. Quién puede participar: Podrá presentarse a este concurso cualquier persona, sin distinción de sexo, edad, naturaleza y procedencia.

2. Requisitos de la obra poética: Cada autor o autora, podrá presentar de 1 a 5 poemas breves. La extensión máxima de cada uno de los poemas no podrá superar los 10 versos. Podrán emplearse composiciones poéticas con metro y/o rima (haikus, coplas, seguidillas…) o de verso libre y/o blanco. Los trabajos presentados serán originales, inéditos y no premiados en certámenes.

3. Tema: Todos los poemas breves presentados versarán sobre Alcaudete y/o sus alrededores: paisajes, calles, naturaleza, gentes, idiosincrasia, fiestas, personajes históricos o populares, o cualquier otro motivo relacionado con la localidad y su entorno.

4. Premios: Se establecerá un primer premio de 300€ y dos accésit de 100€.. El jurado se reserva el derecho a dejar desierto alguno o algunos de los premios en el caso de que las obras presentadas, a su juicio, no se consideraran con la calidad suficiente.

5. Requisitos de presentación: Los trabajos se presentarán por triplicado, mecanografiados y firmados con lema o seudónimo, acompañados de un sobre cerrado (plica) en cuyo exterior figurará el título del trabajo y lema o seudónimo, y en su interior constará la siguiente información relativa al participante: nombre y apellidos, dirección postal, teléfono y correo electrónico de contacto, además de fotocopia del D.N.I.

6. Plazo y lugar de admisión: Las obras podrán ser entregadas directamente o enviadas por correo postal a III Premio de Poesía Breve “Ciudad de Alcaudete”. Biblioteca Pública Municipal “Miguel de Cervantes Saavedra”, Parque de la Fuensanta, s/n, Código Postal: 23660 Alcaudete (Jaén). También se podrán enviar por correo electrónico a la dirección: biblioteca@alcaudete.es. En este caso se acompañarán dos archivos, uno con las obras presentadas y otro con la información de la persona participante. Los titulares de las obras enviadas solo serán conocidos por el Secretario del Jurado, para respetar el anonimato de las mismas.

Entrarán a concurso las obras que, cumpliendo las presentes bases, sean recibidas en la Biblioteca Pública Municipal “Miguel de Cervantes Saavedra” de Alcaudete hasta las 20 horas del día 4 de agosto de 2011.

7. Jurado: El comité de selección estará compuesto por poetas de reconocido prestigio y personas ligadas a la cultura y a la creación. La composición del Jurado se dará a conocer en el momento de la comunicación del fallo. Las decisiones del Jurado serán inapelables.

8. Comunicación del fallo: El Excmo. Ayuntamiento de Alcaudete hará público el fallo del Jurado el día 6 de agosto de 2011, a las 21.30 horas en la Caseta V Centenario, sita en el Parque de la Fuensanta de Alcaudete, coincidiendo con la entrega de los premios del XIII Concurso Nacional de Pintura Rápida “Ciudad de Alcaudete”.

9. Derecho de publicación. El Excmo. Ayuntamiento de Alcaudete se reserva el derecho a publicar la totalidad o una parte de las obras premiadas por cualquier medio de reproducción o difusión. La publicación de las obras no devengaría derecho alguno por parte de sus autores, salvo, por supuesto, el reconocimiento de la autoría de los textos.

10. Devolución de las obras. En ningún caso se devolverán los ejemplares presentados ni se mantendrá correspondencia al respecto entre la organización y los concursantes. Una vez hecho público el fallo del jurado, los originales no premiados serán destruidos.

11. Aceptación de las bases. La participación en esta convocatoria supone la plena y total aceptación, sin reservas, de las presentes bases y los derechos y obligaciones que de su cumplimiento se deriven. Sobre los extremos no previstos en las mismas, la organización del certamen podrá tomar las decisiones que estime pertinentes.




martes, 28 de junio de 2011

Extraño país


No sabía nada de las extrañas costumbres de aquel país, ni que sería acusado por  un gesto que a él le parecía inocente. Cuando se bajó del barco vio mujeres con vestidos de encaje, semidesnudas, abrazadas a hombres siniestros, que metían billetes en su escote. Por la noche, contempló peleas a cuchillo en la feria del puerto, sangre joven que regaba el suelo, sin que nadie prestara atención. En el bar del hotel, unos ejecutivos esnifaban coca, bajo la mirada indiferente de un policía que apuraba su cerveza.  Fue allí donde ocurrió todo, llevó la mano hasta la chaqueta, sacó el paquete y encendió un cigarro.

jueves, 23 de junio de 2011

Libro Relatos Cortos Ideal. Verano 2010

Si algo he aprendido en los años que llevo escribiendo es la necesidad de tener paciencia. Es normal que cuando empiezas desees publicar, ver todos tus historias plasmadas en papel, por eso proliferan las empresas de autoedición, por nuestras urgencias de escritores noveles. No trato de hacer ninguna crítica, yo misma he pasado por esa fase.

Ahora tengo la convicción de que a cada obra, si tiene un mínimo de calidad, le llega su momento. Acecha la miseria creo que no es un mal relato. Sin embargo, fue rechazado en bastantes certámenes, hasta que encontró su sitio en este libro, al quedar finalista en el certamen que convoca el periódico Ideal.
Como siempre ando un poco despistada ni siquiera me enteré de que había salido publicado en ese periódico en el mes de agosto, ni que hubo una presentación del libro. Apareció un día, sin esperarlo, en mi buzón de correos.

Os lo dejo por aquí, a ver que os parece.

Título: Acecha la miseria
 
De entre todos los áticos de la ciudad tuviste que elegir precisamente éste, el que da a los tejados de la ciudad vieja, como si quisieras recordarme en cada momento de donde provengo, a donde iré a parar que cuando te deshagas de mí.


Salgo a la azotea, miro a la mujer de la terracita roja, en chándal y camiseta, distingo a lo lejos las macetas que decoran la pared. Contemplo la ropa tendida, el humo en las chimeneas... Aturdida regreso al salón. Me esperas sentado en el sillón de piel. Trato de descubrir la burla en tus ojos, en apariencia inocentes. El lujo me rodea, pero si salgo al balcón vuelvo a sumergirme en la miseria. Muy propio de ti.

A pesar de todo, te doy las gracias y me siento a tu lado como una perrita fiel. Me acaricias el pelo y la sensación de pertenecer a una raza inferior se instala definitivamente en mi alma. Tendré que convivir con ella.

Tu boca habla de futuro, de proyectos mientras tus dedos helados reptan por mi muslo hiriendo mi piel con su frío. Mentiría si me confesara enamorada. También lo haría si dijera que me eres indiferente. La atracción que siento por ti va más allá del amor, del cariño entrañable que existe en una pareja normal. Más allá de la pasión, de la fiebre que desprenden dos cuerpos encontrados. Es una especie de perversión que alimenta mis instintos más bajos, los pecados que no logró borrar el agua bautismal.

En cuanto te marchas, salgo de nuevo a la terraza. Sé que me imaginas mirando las tejas marchitas de mis recuerdos. Sé que sonríes con suficiencia mientras te subes al coche y le das instrucciones al chofer. Sé que activas en tu portátil las cámaras de vigilancia que has instalado en el piso y que miras como contemplo mi pasado. Me desnudo para ti. Desabrocho el vestido que cae ligero a mis pies, ansioso de fundirse con el suelo, de crear un arabesco rojo sobre la baldosa blanca. Le sigue la ropa interior, esa tan cara, tan delicada. La arranco de mi cuerpo y se desprende como pétalos de margaritas en las manos de una muchacha enamorada.

Así, desnuda, me dejo contemplar por la mañana que se recorta azul sobre los tejados sucios. Temo que se contamine al tomar contacto con la pobreza que embriaga al barrio. Una leve brisa recorre mi cuerpo desnudo, el vello se eriza, como trigo a punto de ser cortado. Soy mies, esperando la hoz, esperando las manos callosas del verdugo. Esperando...

Aún no he cumplido treinta años y me siento vieja. Me duele la cabeza. Tengo frío. ¿Qué pensarás mientras me ves allí, junto a la baranda, como una paloma a punto de levantar el vuelo? ¿Volverás a rescatarme? Te reirás y contarás los segundos que tardaré en regresar al salón y servirme una copa. ¿Desde cuando hablo así? Ya no recuerdo, tú me enseñaste. Antes, cuando vivía en el barrio, nunca me servía copas, me pegaba un lingotazo de calimocho, con la Vane y la Pili. Juntas recorríamos las calles, animadas por la locura de la adolescencia. Nos besábamos en las esquinas con el César o el Lolo, a veces incluso les dejábamos que nos tocaran las tetas. Entonces todo era más fácil, yo era la chica más guapa del barrio y tú aún no existías.

El güisqui quema mi garganta; con un poco de suerte, arrasará también mis recuerdos, convirtiéndolos en cenizas pardas. No volveré a entrar en esa cafetería, no volveré a mirarte, ni me quedaré prendada de tu aspecto de hombre rico. No aceptaré tu invitación para tomar un café. No dejaré que tomes mi mano con las tuyas, ni que me roces el cuello con tu aliento de cazador. No consentiré en subir a tu coche descapotable, ni que me lleves a dar una vuelta por la otra ciudad, la que algunas veces mis pies de niña recorrieron intimidados.

Me dejo adormecer por la música. Barber compuso este adagio para mí, para expresar con sus notas mi tristeza. Sí, también fuiste tú el que me enseñó a amar la música clásica, el que tiró mis discos de Camela a la basura, con ellos se fueron la Vane y el César y todo aquello que un día fui. Cómo añoro ese estado de candidez, esa ignorancia alegre, ese camino de rosas y espinas que nunca pude terminar de recorrer.

Me miras. Sé que me miras. Tratas de adivinar lo que piensa tu juguete. No quiero darte el placer de verme derrotada. Me levanto y desnuda recorro la casa. Busco indicios de tu presencia y no encuentro nada. Abro los armarios y sólo veo mi ropa, decenas de trajes y vestidos clasificados por colores. Me asalta la visión de otro armario, de otra casa, el olor a cebolla, los gritos en la escalera, la mancha de humedad en el baño, la cera caliente en un cazo, los cuadernos sembrados de corazones atravesados por flechas inofensivas, el aroma de la colonia fresca, el chirrido inquietante del somier cuando colaba a César en mi habitación...

A veces juego a inventar mi vida sin ti. Me veo de camarera en un bar, con los pies destrozados y las manos enrojecidas. Gorda y cansada. En casa me esperan mis hijos, el chico ya tiene seis años, la niña ocho. César trabaja de albañil, ahora está de baja porque se cayó del andamio, bebe mucho y a veces me grita.

Por más que trato de enmascararlo, en esas vidas ficticias siempre aparece un atisbo de esperanza. La mirada de un niño, una caricia en la espalda, … No debo pensar en eso.

Te imagino apagando el ordenador, cansado de observar a tu juguete; sabes que seguiré aquí, esperando, como un desahuciado aguarda la muerte, con la boca seca y el cuerpo húmedo. Me sirvo otra copa y cierro el balcón. Sin embargo, los tejados permanecen ahí, inmóviles. Bajos sus tejas ocres, amenazante, acecha la miseria.