jueves, 23 de junio de 2011

Libro Relatos Cortos Ideal. Verano 2010

Si algo he aprendido en los años que llevo escribiendo es la necesidad de tener paciencia. Es normal que cuando empiezas desees publicar, ver todos tus historias plasmadas en papel, por eso proliferan las empresas de autoedición, por nuestras urgencias de escritores noveles. No trato de hacer ninguna crítica, yo misma he pasado por esa fase.

Ahora tengo la convicción de que a cada obra, si tiene un mínimo de calidad, le llega su momento. Acecha la miseria creo que no es un mal relato. Sin embargo, fue rechazado en bastantes certámenes, hasta que encontró su sitio en este libro, al quedar finalista en el certamen que convoca el periódico Ideal.
Como siempre ando un poco despistada ni siquiera me enteré de que había salido publicado en ese periódico en el mes de agosto, ni que hubo una presentación del libro. Apareció un día, sin esperarlo, en mi buzón de correos.

Os lo dejo por aquí, a ver que os parece.

Título: Acecha la miseria
 
De entre todos los áticos de la ciudad tuviste que elegir precisamente éste, el que da a los tejados de la ciudad vieja, como si quisieras recordarme en cada momento de donde provengo, a donde iré a parar que cuando te deshagas de mí.


Salgo a la azotea, miro a la mujer de la terracita roja, en chándal y camiseta, distingo a lo lejos las macetas que decoran la pared. Contemplo la ropa tendida, el humo en las chimeneas... Aturdida regreso al salón. Me esperas sentado en el sillón de piel. Trato de descubrir la burla en tus ojos, en apariencia inocentes. El lujo me rodea, pero si salgo al balcón vuelvo a sumergirme en la miseria. Muy propio de ti.

A pesar de todo, te doy las gracias y me siento a tu lado como una perrita fiel. Me acaricias el pelo y la sensación de pertenecer a una raza inferior se instala definitivamente en mi alma. Tendré que convivir con ella.

Tu boca habla de futuro, de proyectos mientras tus dedos helados reptan por mi muslo hiriendo mi piel con su frío. Mentiría si me confesara enamorada. También lo haría si dijera que me eres indiferente. La atracción que siento por ti va más allá del amor, del cariño entrañable que existe en una pareja normal. Más allá de la pasión, de la fiebre que desprenden dos cuerpos encontrados. Es una especie de perversión que alimenta mis instintos más bajos, los pecados que no logró borrar el agua bautismal.

En cuanto te marchas, salgo de nuevo a la terraza. Sé que me imaginas mirando las tejas marchitas de mis recuerdos. Sé que sonríes con suficiencia mientras te subes al coche y le das instrucciones al chofer. Sé que activas en tu portátil las cámaras de vigilancia que has instalado en el piso y que miras como contemplo mi pasado. Me desnudo para ti. Desabrocho el vestido que cae ligero a mis pies, ansioso de fundirse con el suelo, de crear un arabesco rojo sobre la baldosa blanca. Le sigue la ropa interior, esa tan cara, tan delicada. La arranco de mi cuerpo y se desprende como pétalos de margaritas en las manos de una muchacha enamorada.

Así, desnuda, me dejo contemplar por la mañana que se recorta azul sobre los tejados sucios. Temo que se contamine al tomar contacto con la pobreza que embriaga al barrio. Una leve brisa recorre mi cuerpo desnudo, el vello se eriza, como trigo a punto de ser cortado. Soy mies, esperando la hoz, esperando las manos callosas del verdugo. Esperando...

Aún no he cumplido treinta años y me siento vieja. Me duele la cabeza. Tengo frío. ¿Qué pensarás mientras me ves allí, junto a la baranda, como una paloma a punto de levantar el vuelo? ¿Volverás a rescatarme? Te reirás y contarás los segundos que tardaré en regresar al salón y servirme una copa. ¿Desde cuando hablo así? Ya no recuerdo, tú me enseñaste. Antes, cuando vivía en el barrio, nunca me servía copas, me pegaba un lingotazo de calimocho, con la Vane y la Pili. Juntas recorríamos las calles, animadas por la locura de la adolescencia. Nos besábamos en las esquinas con el César o el Lolo, a veces incluso les dejábamos que nos tocaran las tetas. Entonces todo era más fácil, yo era la chica más guapa del barrio y tú aún no existías.

El güisqui quema mi garganta; con un poco de suerte, arrasará también mis recuerdos, convirtiéndolos en cenizas pardas. No volveré a entrar en esa cafetería, no volveré a mirarte, ni me quedaré prendada de tu aspecto de hombre rico. No aceptaré tu invitación para tomar un café. No dejaré que tomes mi mano con las tuyas, ni que me roces el cuello con tu aliento de cazador. No consentiré en subir a tu coche descapotable, ni que me lleves a dar una vuelta por la otra ciudad, la que algunas veces mis pies de niña recorrieron intimidados.

Me dejo adormecer por la música. Barber compuso este adagio para mí, para expresar con sus notas mi tristeza. Sí, también fuiste tú el que me enseñó a amar la música clásica, el que tiró mis discos de Camela a la basura, con ellos se fueron la Vane y el César y todo aquello que un día fui. Cómo añoro ese estado de candidez, esa ignorancia alegre, ese camino de rosas y espinas que nunca pude terminar de recorrer.

Me miras. Sé que me miras. Tratas de adivinar lo que piensa tu juguete. No quiero darte el placer de verme derrotada. Me levanto y desnuda recorro la casa. Busco indicios de tu presencia y no encuentro nada. Abro los armarios y sólo veo mi ropa, decenas de trajes y vestidos clasificados por colores. Me asalta la visión de otro armario, de otra casa, el olor a cebolla, los gritos en la escalera, la mancha de humedad en el baño, la cera caliente en un cazo, los cuadernos sembrados de corazones atravesados por flechas inofensivas, el aroma de la colonia fresca, el chirrido inquietante del somier cuando colaba a César en mi habitación...

A veces juego a inventar mi vida sin ti. Me veo de camarera en un bar, con los pies destrozados y las manos enrojecidas. Gorda y cansada. En casa me esperan mis hijos, el chico ya tiene seis años, la niña ocho. César trabaja de albañil, ahora está de baja porque se cayó del andamio, bebe mucho y a veces me grita.

Por más que trato de enmascararlo, en esas vidas ficticias siempre aparece un atisbo de esperanza. La mirada de un niño, una caricia en la espalda, … No debo pensar en eso.

Te imagino apagando el ordenador, cansado de observar a tu juguete; sabes que seguiré aquí, esperando, como un desahuciado aguarda la muerte, con la boca seca y el cuerpo húmedo. Me sirvo otra copa y cierro el balcón. Sin embargo, los tejados permanecen ahí, inmóviles. Bajos sus tejas ocres, amenazante, acecha la miseria.









7 comentarios:

B. Miosi dijo...

Excelente relato, Felisa, la prueba está que apareció en una compilación de relatos y quedó finalista en un certamen.

¡Felicitaciones!

Blanca

Felisa Moreno dijo...

Gracias,Blanca, me alegra mucho que te haya gustado. Sigo tu blog, aunque no siempre deje comentarios. Un abrazo.

Pepe Cabrera dijo...

Magnifico relato, consigues hacer sentir al lector el temor de la protagonista a dejar de ser el juguete de su "amante" por no perder su vida de lujo y no volver al exterior donde se encuentra su anterior vida mísera.
Tengo mucho que aprender de ti. Leyendo estos relatos tan buenos me da un poco de reparo haber abierto mi blog con relatos tan "flojitos". ¡Felicidades! gotitasygranitos.blogspot.com

Puri Estarli dijo...

Un relato fantástico. Intento tener paciencia yo también, pero a veces me vengo abajo. Sé que es muy difícil, y más en los tiempos que corren, que me publiquen una de mis novelas o los muchos relatos que ya he escrito y que nunca han visto la luz. Aùn así, te haré caso y no dejaré de escribir ni de enviar los relatos a los diferentes concursos. He enviado un relato al concurso de narraciones breves de Ideal 2011. No he visto los periódicos desde hace 16 días. ¿Tú sabes dónde puedo ver los relatos ya publicados, los que no he

Puri Estarli dijo...

-continuación del anterior- podido ver?
Otra opción es acudir a una hemeroteca. De todas formas si sabes la relación de los relatos que están siendo publicados te agradecería me la mandases. Gracias.
Espero tener un poco de suerte.

Felisa Moreno dijo...

Hola, Puri, gracias por visitar mi blog y dejar tu comentario. No te desanimes, si es lo que te gusta, sigue escribiendo.
En cuanto a los relatos del Ideal, yo también ha participado este año, mi relato salió publicado ayer. Lo vi en el periódico, en papel, pero creo que también puedes ver los relatos publicados en la página del Ideal, poniendo en el buscador: Relatos de verano.
Espero que tu relato esté también entre los finalistas. Un abrazo.

Susana CP dijo...

Hola Felisa,

Soy Susana, escritora novel (aficionadilla), periodista, y muchas más cosas que no me caben en este pequeño cuadradito. Felicidades por tus relatos. Me encantan.
Seguiré tu ejemplo...A ver si algún día también puedo contar yo que 'me publicaron algo'...
Saludos desde Madrid.