domingo, 12 de junio de 2011

Las trampas de la memoria


Hoy tengo mil cosas que hacer, por eso me he levantado temprano aunque sea domingo. Hace unos días cumplieron años mi padre y mi hijo, 83 y 9 respectivamente. Los dos tienen la misma ilusión por celebrar su cumpleaños, cosas de la vejez, que hace regresar al niño que siempre ha estado oculto dentro de ti.
A pesar de todas las obligaciones, he decidido perder unos minutos en escribir este post. Anoche, mientras cenábamos, a mis hijos les dio por preguntarme cosas de cuando eran pequeños, anécdotas divertidas, accidentes notorios, trastadas varias. Algunas salieron de momento, las más importantes, pero otras tuve que rebuscarlas en mi memoria, esa traicionera, y me costó recordar cosas que, cuando sucedieron, creí que nunca podría olvidar. Luego conseguí distraerles jugando un parchís, hacía siglos que no jugábamos los cuatro juntos, siempre las prisas o la televisión nos privan de estos momentos tan agradables, en familia. Por cierto, perdí.
Y esta mañana, al despertar, recordé que uno de los motivos de crear mi blog, aparte de mostrar lo que escribo y promocionarme como escritora, era tenderle una trampa al olvido, rescatar momentos hermosos de la vida de mis hijos (Sección Cosas de niños). Alguien puede pensar que soy una exhibicionista, que lanzo mi vida al mundo, pero sólo pretendo tender una red a mis recuerdos. Sí, eso también podría hacerlo en privado, con un diario. Ya lo he intentado, pero me ha faltado constancia.
De todas formas, creo que la memoria no es tan malvada, que nos priva ahora de algunos recuerdos para conservarlos, para preservarlos de esta vida tan ajetreada que vivimos cuando aún somos jóvenes y activos. Después, cuando nuestro cuerpo pierda facultades, cuando nuestra vista nos engañe, y los huesos cansados nos impidan avanzar tan deprisa como quisiéramos, ella nos devolverá nuestros recuerdos. Y, entonces, aprenderemos a vivir de ellos.

11 comentarios:

Paseo por las nubes y por el alambre dijo...

Yo pienso como tú, que hay que escribir aquello que no queremos olvidar; quizás, por eso se me ocurrió recopilar las historias de Aroa. Yo hacía apuntes de sus cosillas para luego contarlas por ahí, hasta que se me ocurrió que, aprovechando que soy escritora, podía ir un poco más allá y dejarle a la niña un buen regalo para toda su vida, y fue así como las anécdotas se convirtieron en pequeñas historias.

Oye, lo de perder en el parchís no está tan mal, es señal de que los peques han sido bien adiestrados, je, je.
Muchos besos,
Mercedes.

B. Miosi dijo...

Es inevitable colar algo de nosotros mismos en los blogs, Felisa. Lo aprendí hace poco y creo que quedará registrado para siempre en la blogosfera, al menos mientras ésta exista.

Recuerdos y retazos de una vida, qué bonito, Dale un abrazo a tu padre de mi parte, y también a tu hijo.

Besos para ti,
Blanca

Anónimo dijo...

Superinteresante, superinteligente..... no podríamos vivir sin estas historias tan profundas.

Pilar Alberdi dijo...

A mí me parecen perfectas tus entradas, Felisa. Tu juegas con tus hijos y yo con mis nietos.
Veo a tus niños y los siento un poco míos.
Lo que la vida nos da, eso es lo que somos.
Un abrazo.

Felisa Moreno dijo...

¿Sabes, Merce? Cuando escribí esta entrada pensé en ti y en tu libro El Mundo de Aroa, estoy segura que ella estará muy orgullosa de su abuela cuando se de cuenta de que le estás regalando su primera memoria. Un abrazo.

Felisa Moreno dijo...

Sí, Blanca, es inevitable. Y creo que es bueno, incluso puede ser reparador. Besos.

Felisa Moreno dijo...

Anónimo: A nadie se le obliga a entrar en este blog, y mucho menos a leer las entradas, seguro que tienes otras muchas opciones en tu vida personal para estar perdiendo el tiempo pasando por mi página. Si crees que me haces daño, te equivocas, sólo me da un poco de lástima que no tengas otra cosa mejor que hacer ir derrochando tu ironía.

Felisa Moreno dijo...

Totalmente de acuerdo, Pilar, yo he tardado mucho en tener hijos, ya son casi nietos, quizás por eso quiero disfrutarlos más. Un abrazo, amiga.

Victor Fragoso dijo...

¡Qué sería de los cobardes sin ese anonimato que tanto protege! Ese halo de misterio escogido que todo lo enmascara en la frustación quizás, o quizás en el olvido del talento que nunca le visitó a uno. Vete tú a saber, la vida tiene mil motivos y las frustraciones otros mil añadidos. En fin, que, regalándole al amigo anonimo una frase de Forrest Gump, la vida es una caja de bombones, nunca sabes cual te va a tocar. Quizás un día abras la caja y la encuentres vacía, quizás algún día la abras y percibas que se llena de bondad, solidarida, incluso respeto. Evidentemente el personaje de ficción era una buena persona, los fantasmas que se desvanecen sin dejar rastro de su verdadera presencia son solo eso, fantasmas (con cadenas muy pesadas, por cierto).

FRANK RUFFINO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
FRANK RUFFINO dijo...

Felisa:

Dices bien sobre este mundo particular que nos toca. Básicamente también creé mis blogs ("Poeta Frank Ruffino", "Justicia Poética") para de alguna manera confabular contra el olvido; para nada, como tu apuntas para exhibirme, aunque, por mi estilo de ser, algunos me hayan llamado payaso nacional. También en mi blog poético tengo una entrada con el título "Escenas de la familia de Frank Ruffino en América". Ahí subo fotos de uno de mis niños, el más pequeño: Octavio de 2.4 años, tengo otro de 25 y otro de 15 (con distintas damas)
También soy abuelo y esto a los 44 años -ahora tengo 46, aunque estoy sin pareja, y nunca me casé porque soy ateo-.
Te felicito por tu linda familia y tus hijos. Mi padre murió hace casi cinco años con 90. Él había luchado en Teruel donde fue herido, esto del bando republicano. Era tomellosero; madre es tinerfeña y cumplió 84, casi que igual a tu padre.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank Ruffino.

P.D. Casualmente publiqué un texto sobre ese niño que todos llevamos en nuestros recuerdos. Cuando tengas un tiempito te pasas. Me enlazo a ti.