martes, 2 de junio de 2009

TOP-MODEL DE BARRIO


Avanza por la calle con sus pasos cortos de modelo de pasarela. Sobre el pijama de franela, una bata rosa con cuello de plumas, bien ajustada en la cintura, marca sus pechos recién adquiridos. Lleva el pelo recogido con una cinta en la frente, los ojos maquillados en verde y la barba recién afeitada. Carla, que un día fue Carlos, pasea por el barrio como si desfilara por Cibeles. Nadie se sorprende de su aspecto. Se gana la vida haciendo recados, comprando para los ancianos impedidos.

Hoy tiene un encargo especial, la ha llamado el Negro, un gitano con mucha guita. Carla hubiera preferido negarse, pero es difícil vivir con el Negro en contra; así que acepta cien euros por llevar un paquetito al centro. Nada peligroso, un paseo y luego te vas a putear un rato por el parque, le dijo riendo el gitano.

A Carla no le gustaba salir del barrio. Se puso sus ropas de mujer y disimuló como pudo los andares. Cogió el autobús que la llevaría al centro. La tarde empezaba a caer sobre los edificios, las calles se animaban de gente. Se metió entre el barullo, sólo tenía que dejar un paquete en el despacho de un abogado. La placa dorada le indicó que había llegado a su destino. Admiró el brillo, la elegancia de las letras, la resonancia del nombre D. Arturo Galán de Villacarrillo. Pulsó el timbre, una secretaria le preguntó; cuando dijo que iba de parte de el Negro, le franquearon las puertas.

Sin el paquete y con los cien euros en el bolso se sentía más ligera, olvidó las precauciones y volvió a ser ella, coqueta y desenvuelta, con sus andares de top-model. Algunas caras se volvían a su paso. Unos ojos crueles repararon en ella, “puto maricón”; las palabras cayeron como cristales rotos sobre la acera. La noche se comía la sombra de su perseguidor, un sexto sentido le advirtió del peligro. Alejó el miedo con un gesto afeminado, no tenía que temer, estaba en la parte civilizada de la ciudad.

Al día siguiente, en el barrio no se habla de otra cosa, “a la Carla, sí a la maricona, que la han degollaó en el parque del centro, pa´ una vez que salía del barrio, la pobresita”.

5 comentarios:

MarianGardi dijo...

Buenisimo estilo y estupendo tema.
Me identifico en tu forma de contar.
Un abrazo

fonsilleda dijo...

EStupendo Felisa.
Con un escalofrío ese final porque todavía hay tantísimos rechazos, tanta incomprensión, tanto...
Bicos.

milagros dijo...

Es cierto que a veces nos sentimos arropados en nuestro barrio, por muy inseguro que sea.
Bonito relato con esa forma tan tuya de contarlo.
Un abrazo

JuanRa Diablo dijo...

Nada, Felisa, que llevas las letras en las venas. ¿Cómo se te ocurrió algo así? Tiene dinámica y mucha fuerza.

Cristina Rodríguez Z. dijo...

tu estilo me recordo a francisco gonzales ledesma y su novela de barrio.
un saludo, yo ya te sigo, sigueme en:
http://just-cristy.blogspot.com/