jueves, 9 de octubre de 2008

Los borrachos y los niños...siempre dicen la verdad

Este verano hemos pasado las vacaciones en un pequeño pueblo portugués Olhos d’Água en la playa de Falésia a unos diez kilómetros de Albulfeira. Nos alojábamos en un hotel con todo incluido: comidas, bebidas, espectáculos, minclub para los niños, jacuzzi, sauna...

Este tipo de hoteles coarta tu afán viajero y propicia unos hábitos de los que es difícil salir: desayuno, playa, comida, siesta, piscina, espectáculo infantil, cena, espectáculo para mayores, copa y a dormir, que mañana tenemos que estar frescos.

Por otra parte, a veces tenía la sensación de estar en un cebadero, al entrar en alguno de los restaurantes buffet y ver tanta comida, imaginaba que nos estaban engordando con algún fin malévolo. A esto se añadía el lavado de cerebro, durante todo el día, a diversas horas, sonaba la cancioncita de la cadena de hoteles, I want, I want to go to..... que nos incitaba a regresar en años sucesivos.

Lo cierto es que el sitio es ideal para ir con niños pequeños, ellos disfrutan de lo lindo, pero a mí empezaba a cansarme estar allí encerrada. Así que una noche propuse salir a cenar fuera, insistí tanto que, a regañadientes, acabaron por hacerme caso. Nos subimos los ocho en el monovolumen de mi cuñado, a fin de cuentas sólo eran diez kilómetros para qué coger dos coches, y pusimos el GPS, que presto nos llevó hasta un precioso pueblo blanco a la orilla del mar, Albulfeira.

Paseamos, escuchamos a los músicos callejeros, nos hicimos fotos con un mimo, cenamos en un italiano... En fin, pasamos un rato agradable, pero eran casi las once y había que regresar al hotel, por el biberón de la pequeña Paula.

Ya subidos de nuevo en el coche, conectamos el Tomtom y, confiados, nos dejamos conducir por él. En menos de cinco minutos nos metió en una carretera sospechosa, el asfalto había desaparecido y el carril se estaba transformando en un camino de cabras. Así que dimos marcha atrás y decidimos seguir fiándonos de nuestro sentido de la orientación, como toda la vida. La primera media hora resultó divertida, cada vez que dábamos la vuelta en una rotonda, nos reíamos y bromeábamos sobre la posibilidad de perdernos y aparecer en Faro (a unos 50 km. de allí). En los treinta minutos siguientes empezamos a desesperar, la noche cerrada, las carreteras mal señalizadas (o al menos eso nos pareció en ese momento), el GPS olvidado por inútil, siempre insistía en llevarnos al mismo carril. Apretados como sardinas, el viaje idílico a Albulfeira se había convertido en una pesadilla. Y los niños empezaron a opinar.

- La culpa es del Tomtom- dijo Irene- ese cacharro no sirve para nada.
- No, la culpa es de mamá- dice mi hijo Juanma.
- ¿Por qué?- pregunto yo, temiendo saber la respuesta.
- Porque tú eras la que queráis venir a Albulfeira (bufeira en su idioma)

En ese momento, niños y mayores se rieron, y yo imaginé que mi hijo había dicho con palabras lo que todos pensaban en silencio.
Por fin encontramos una pareja de policías, que después de regañarnos por haber aparcado en un sitio prohibido, nos indicaron como regresar al hotel. Así, hora y media después de salir de Albulfeira, exhaustos, malhumorados y medio dormidos, eran más de las doce, conseguimos llegar de nuevo a nuestro paraíso, del cual no salimos hasta el último día, para regresar a nuestras respectivas casas.












3 comentarios:

Carmen Andújar dijo...

Hola Felisa, tienes razón que estos hoteles son ideales para los niños pequeños, ya también iba mucho. Al principio da gusto, pero cuando pasan varios días te empiezas a aburrir. Y lo del GPS, se de lo que hablas, cuando estuvimos en Roma, el dichoso cacharro también se empeñaba en llevarnos por un camino equivocado, supongo que al estar en obras no se enteraba, menos mal que gracias a la intuición también llegamos al hotel.

Anónimo dijo...

Hola Felisa. Me alegro de leer esta aventura por el Algarve. Hace unas semanas pasamos tres días por allí, en Carvoeira, y nos ocurrió lo mismo, nos perdimos de noche por la carretera de vuelta a casa. Yo, que iba de conductor, sostenía que era debido a la pésima señalización. Y otros decían que no, que 'alguien' se había equivocado. Todo quedó en tablas, pero con esta lectura me doy por vencedor :-))

Un saludo,

Fernando

Jorge Ramiro dijo...

Siempre me gusta elegir los hoteles con all inclusive ya que me da la posibilidad de además de descansar, poder disfrutar de buena comida y buenos tragos. Creo que no hace falta gastarse mucho dinero en los alojamientos, ya que he estado en los hoteles economicos en playa del carmen que también tenían dicho servicio