jueves, 30 de octubre de 2008

Escritura automática

El otro día mi amiga Mercedes dejó un relato en el foro del Desván de la Memoria, nos contó que lo había hecho de forma automática, sin pararse a pensar en lo que escribía. Lo cierto es que estaba muy bien, me gustó el resultado. Y me llamó la atención. Hoy, mientras colocaba los platos en el lavavajillas (la mayoría de mis historias se gestan mientras hago las faenas de casa, de ahí mi despiste integral, un día voy a meter a los niños en la lavadora y la ropa sucia en la bañera), se me ocurrió una frase "Escribir lo que sientes sin sentir lo que escribes" una tontería como otra cualquiera, pero luego seguían fluyendo palabras y yo sentí la necesidad de escribirlas. Cogí mi libretita de notas y las letras se deslizaron con facilidad por el bolígrafo hasta el papel, cosa rara pues me cuesta escribir a mano, acostumbrada como estoy a las teclas del ordenador. Y aquí está el resultado. Es curioso. Os animo a probar, a ver que sale.


Escribir lo que sientes sin sentir lo que escribes. Atravesar océanos de palabras muertas que se dejan llevar por la corriente y van a la deriva. Escribir sin corregir, sin método ni instrumentos. Soñar con viajar a la velocidad de la luz en una cometa blanca del color del arco iris. Amanecer tras un cielo azul que absorbe como si fuera un agujero negro, insondable, eterno… Los juegos que te atraían dejaron de gustarte y te abriste camino hacia mis ojos sin importar el daño causado, sin mirar atrás. Duele, duele pero dejo que entres en mi retina y que apartes las letras que sobran, las que ya nunca usaré para escribirte. El sol se oculta y sólo me queda el calor de un carbón apagado y renegrido que me mira insolente desde el fondo de la chimenea. No sé quien lo puso allí, si alguna vez fue cuerpo carbonizado o si nunca sintió la llama en su cuerpo. La llama que arde en mí cuando me miras y desapareces como una estrella fugaz. En el cielo busco la respuesta y sólo hallo silencio, muerto y seco como el fiambre de mi existencia. Caigo en un profundo sopor y recaigo en mis malas costumbres, en mi manía de suspirar y compadecerme. Acabo esto como lo empecé, con la sensación de no estar haciendo nada, sólo juntar palabras en un baile endemoniado que me conduce a la nada, pues nada pretendo.

4 comentarios:

Mercedes dijo...

Jo, Felisa, ¡Genial!
Dicen, que en la escritura automática se abren las rejas del alma y ella, el alma, goza de un lenguaje muy particular que no todo el mundo comprende,pero es bello; sin duda, es muy bello y, sobre todo, limpio.
Sigue practicando (es un método increible).¿Recuerdas lo que decía Nietzsche sobre el Nihilismo activo como signo del creciente poder del espiritu?
Enhorabuena, un escrito fresco y sorprendente.

Eduardo Azaustre Mesa dijo...

Hace unos años asistí a un taller de narrativa y tuve una experiencia que te invito a compartir. La profesora nos indicó que escribiésemos uno o dos folios creando una historia sobre tres colores, blanco, azul y rojo o en el orden que prefieras.
Cuando comencé no tenía ni idea de lo que iba a escribir, la historia fue fluyendo de forma automática y solo cuando había acabado con el segundo color me llegó el final del relato como un tiro.
Anímate y hazlo, despues, si quieres, lee mi relato en http://eduardoazaustremesa.blogspot.com/2006/01/cuentos-de-colores-blanco-azul-y-rojo.html.
Solo Belén Márquez hizo otro que se publicó en Sierra Ahíllos.

Juan Manuel Rodríguez de Sousa dijo...

Me ha encantado Felisa, no podía dejar de mirar el ordenador,

De lo mejor que he leído de ti, sin duda, lo que más me ha gustado al menos,

¡Vaya texto!

Ya sacaré esto de la escritura automática, que tengo algunos textos.

Saludos,
Juanma

Felisa Moreno dijo...

Gracias Mercedes, Eduardo y Juama por pasar por mi blog y dejar un comentario.

Un saludo.