martes, 30 de diciembre de 2008

La muela del oeste

Hasta ahora yo conocía las muelas de leche, las muelas del juicio, … pero hoy he podido comprobar que en la boca también hay puntos cardinales y que pueden servir para orientarnos en caso de emergencia.

Juanma viene corriendo hacia mí y me dice: “mamá, mamá, me duele la muela” yo le pregunto “cúal de ellas” y ni corto ni perezoso abre su boquita y señalándome la parte izquierda de la boca me dice, “aquí mamá, en el oeste”. Y me imagino esa muela con los calzones vaqueros, las espuelas y un par de revólveres al cinto, (de pequeña leí muchas novelas del oeste) retando a las muelas del este, mucho más elegantes y educadas, con traje negro y corbata floreada. Y es que en las pelis de vaqueros siempre era así.

Al final todo se solucionó con un pequeño chupachú medicinal para las llagas de la boca, bueno más bien ese fue el inicio de otro conflicto. Paula, mi sobrina de tres años, al ver el susodicho chupón con color y sabor a fresa, decidió que le dolían todas las muelas, las del Este y las del Oeste e inició su particular guerra para conseguir un palito rosa como el de su primo.

9 comentarios:

Teresa Cameselle dijo...

Me ha encantado, tanto el ingenio del peque como el tuyo, con esa muela vestida de Clnt Eastwood en sus tiempos de pistolero.
Yo también las leía de pequeña, Marcial Lafuente Estefanía, todo un mito.
Un beso.

Felisa Moreno dijo...

Gracias Teresa, qué tiempos aquellos, mira que se parecían todas esas novelitas y sin embargo seguíamos devorándolas. En mi caso, es que no tenía mucho más a mi alcance para leer.

Besos

estela dijo...

jajaja
que ingenio tu niño. se nota que salió a su madre en imaginación.

un beso y feliz año.
por cierto, tienes unos niños preciosos.

XoseAntón dijo...

Jajajaja, genial.

Yo hasta los catorce años no leía ni los globos de los tebeos; pero ese año y gracias al castigo, arresto, deberes, llámesele como se quiera, del profesor que me obligó a un libro, cualquiera, acabé leyendo creo que hasta los rótulos del quiosco que alquilaba las novelas del oeste. Y lo peliagudo del asusto es que las leía a la luz de las velas. En casa no querían que leyera, decían que los libros vuelven loca a la gente. Hoy me pregunto, cuando pienso en mí, si no tendrían algo de razón... jejeje.

Bikiños

Felisa Moreno dijo...

Gracias Estela, decidí escribir estas pequeñas anecdótas para no olvidarlas, y es que los niños son geniales. Un beso.

Hola XoseAntón, yo también leía a escondidas, escondía las novelas debajo del colchón y cuando mis padres se dormían encendía la luz. Será por eso que tampoco estoy muy cuerda. Besos

Ave Mundi Luminar dijo...

Genial, simplemente genial... me ha dejado una sonrisa que se que me durará un buen rato.


Gracias por el momentazo cardinal !

Un cordial saludo.

Felisa Moreno dijo...

Gracias Ave mundi, así me quedé yo cuando oí lo de la muela del oeste, por eso no dudé un momento en que debía conservar este recuerdo.

fonsilleda dijo...

Me encantan los niños y sus ocurrencias. Francamente, a veces me pregunto para qué inventar, idear o estrujar el cerebro para escribir cuentos, con sentarnos a escucharlos, creo que sería suficiente.

Angelus dijo...

Perfecta narración que hace del relato una obra intensamente natural. Ojalá esos caramelitos los vendan también para curar el alma.

Feliz Año!

PD: Lo mismo en el rastro puedo encontrar algo.