domingo, 31 de octubre de 2010

Hallobogween: La venganza de la tía Evarista

Mi amiga Teresa Camesalle nos ha hecho una terrorífica propuesta, escribir un relato de miedo. Aquí os dejo el mío, si quereís leer más visitad esta página:
http://teresacameselle.blogspot.com/2010/10/comienza-el-halloblogween.html


La venganza de la tía Evarista.
La tía Evarista siempre me dio miedo. Su cuerpo flaco, las ojeras negras, la nariz de bruja y sus dientes cariados. Odiaba tener que besarla cada vez que venía a casa de visita, por eso me escondía debajo de la cama cuando oía su voz de serrucho oxidada. Siempre que la veía imaginaba que su dedos largos de uñas amarillas se parecían demasiado a las de cierto asesino que salía en las pelis de terror.
Cuando murió, mi madre me obligó a asistir al velatorio. Ya tienes trece años, no te hará mal ver un cadáver, dijo y se quedó tan fresca. Si la tía Evarista era fea viva, muerta parecía una auténtica pesadilla. No puede permanecer más de cinco segundos delante de ella, y mucho menos rezar el padrenuestro que me había exigido mi madre
Esa noche me acosté con el estómago encogido y tardé mucho en dormirme, me sentía culpable por no haber orado por la salvación del alma de mi tía, a fin de cuentas, era de mi familia.
Me encontraba en ese instante en el que no estás dormido ni despierto, ni vivo ni muerto, cuando oí una voz de serrucho oxidado que pronunciaba mi nombre. Como siempre, por instinto, me metí debajo de la cama. Algo había cambiado allí debajo, un olor acre me irritó la garganta, y me hizo toser. Cerré los ojos y me hice un ovillo. Noté como unas uñas afiladas recorrían mi espalda destrozando el pijama pero sin herirme. El miedo se comió mi lengua, no podía gritar para pedir ayuda. La voz repetía una y otra vez en un horrible soniquete: Me faltó una oración para subir al cielo, ahora tendré que vagar eternamente por el purgatorio, tú me acompañarás cada noche.
Cuando desperté estaba tumbado sobre la cama, un sol brillante entraba por la ventana, sólo ha sido un sueño, me dije aliviado, pero me sentía cansado y me dolían los pies. Los miré, estaban magullados, como si hubiera recorrido descalzo un valle de piedras. El miedo se agarró definitivamente a mi pecho cuando toqué mi espalda y comprobé que el pijama estaba roto.
Esa fue la primera noche de las muchas que vinieron después, nunca más pude dormir en paz. ¿Lo entiendes ahora, sobrino?

El niño miró a su tío asombrado, no podía creer lo que le había contado, pero, entonces, ¿por qué tenía siempre aquellas ojeras moradas, casi negras?

12 comentarios:

Susana dijo...

Lo peor de leer este relato es que me ha hecho recordar que yo también tuve una "tía Evarista"... Ufff... Quizá todos hayamos tenido una.

Inquietante, Felisa. Muy inquietante.

Un abrazo.

XoseAntón dijo...

Enhorabuena, Felisa, el relato muestra mucho oficio. Más que el miedo me causó admiración el cuento, como lo has contado.

Bikiños

Natàlia Tàrraco dijo...

Lo que puede costarnos un Padrenuestro, ayyyyy.
Los y las hay que vivos dan miedo y de muertos son un coñazo.
Espantosamente terrorísfico este escrito perfecto para no dormir jamás.
Besitoos temblorosos.

Neogeminis dijo...

brrrrrrrr...terrorífico relato que bien deja una moraleja: jamás niegues un padrenuestro por más feo que sea el cadáver! jajjajaa

Muy buen aporte a esta convocatoria de miedos a la que Teresa nos ha sumado.

Saludos desde Argentina.

Fibonacci dijo...

desde hoy rezaré lo que haga falta y a quien quiera que sea....yo no duermo con pijama...no quiero despertar todo jironado.

Me ha gustado mucho.
un saludo

Teresa Cameselle. dijo...

Parece que todos tenemos algún pariente de esos que acrecientan nuestros miedos infantiles. Ahora despertarse con el pijama hecho jirones, ese ya es otro cantar.
Espeluznante, Felisa, sólo espero que ese pobre decida un día ponerse a rezar a ver si se quita a la tía fantasma de encima.

Maribel dijo...

La tía daba miedo al miedo. Buf, me imagino esa cara, y además cadáver, y es como para no volver a conciliar el sueño nunca. Muy bueno.
Un abrazo.

Pepe dijo...

Quien nace lechón, cochino muere. Eso dice un refrán y en este caso se cumple. Su odiosa tía siguió siendo odiosa para ella incluso después de muerta, total por un simple padrenuestro. Para subir al cielo tendrá que esperar a las rebajas de ascenso a los cielos, a ver si le descuentan el padrenuestro que le falta.
Precioso y preciso relato.
Un saludo.

alfredo dijo...

Ajustado relato a la convocatoria, intriga, espectación y una buena dosis de escalofríos. Por lo demás ameno y aleccionador.

Deliciosa forma de escribir.
Besos

Esteban Dublín dijo...

Alguna vez te habrás inscrito a mi blog a la sección de seguidores. Al hacerlo, solicitaste un cuentito, microrrelato que está publicado en mi blog. Te espero con tus comentarios.

VivisPato dijo...

Si que da miedo.. nunca he tenido una "tia evarista" pero si he tenido eseos sueños donde alguien me habla en voz alta.. pero solo yo escucho.
Saluditos desde Mexico!

Medea dijo...

Ufffff sí, yo también "disfruté" de los encantos de una tía Evarista, pero aunque ya tendría 12 años no me hicieron ir a su entierro, jajaja era hermana de mi abuela y mi madre gracias a Dios pensaba que no eran cosa para niños los entierros.
Gracias al descanso de escritura que nos ha dado Gustavo en los Jueves estoy acabando de leer todos los Hallobloween, que como han sido tantos aún me faltaban algunos de los que no encontré enlace al principio y no sabes cuánto me alegro de haber visitado tu blog y haberme encontrado con tu relato que además de ponerme el vello de punta me ha encantado la forma en cómo lo relatas. Vuelve a ser un placer pasarse por aquí. Un beso