martes, 2 de septiembre de 2008

La maratón de leer

A veces me pregunto si nací con el talento innato de leer deprisa o lo adquirí con el tiempo y las adversidades. Al igual que un corredor de maratón posee unas cualidades físicas adecuadas, yo debía tener algún gen, raro en mi familia, que me obligaba a devorar cualquier libro que cayera en mis manos. Y digo raro porque en mi casa apenas se leía. Como las letras impresas enganchaban mi alma, ya fuera una novela del oeste de Marcial Lafuente Estefanía o una historia rosa de Corín Tellado, casi siempre hurtadas a mis hermanos; me hice una experta corredora en la modalidad de lectura rápida, pues entre capítulo y capítulo realizaba las obligadas tareas de la casa. La profesionalización llegó cuando descubrí la biblioteca pública. Batí mis propias marcas; estos libros más densos en contenido, me llevaban a mundos extraordinarios, llenos de personajes, de historias por descubrir, aún a costa de pasar las noches en vela.

Nunca podré olvidar aquella mañana clara de mayo cuando la profesora preguntó a cada niño qué deporte le gustaba practicar, todos se rieron de mí al responder toda seria y compuesta: la maratón de leer.

1 comentario:

Carmen Andújar dijo...

Yo te he de decir que de pequeña lo que me gustaba leer mucho eran comics. Supongo que de ahí me viene un poco la vena artística. No fue hasta más adelante cuando comencé a leer de verdad.
Lo tuyo es inhato. Se nota que has leido mucho y que las palabras que escribes fluyen como si fuera facilísimo, cosa que todos sabemos que no lo es; pero en tí lo parece.
Enhorabuena.