viernes, 5 de noviembre de 2010

La insatisfacción de escribir


Es importante disfrutar con lo que hacemos, es lo que siempre nos dice Ramón, mi profesor de escritura, lo demás ya vendrá: ganar premios, publicar, ...

Yo disfruto escribiendo, me gusta aporrear las teclas del ordenador, escuchar ese soniquete mientras aparecen historias, personajes con vidas propias. Surgen de la nada, a partir de unos rasgos imprecisos voy configurando existencias complejas, tramas imprevisibles, finales sorprendentes incluso para mí.

Sin embargo, cada vez me cuesta más sentirme satisfecha con lo que escribo. Mi nivel de exigencia se ha elevado de forma exponencial. Por un lado, creo que es bueno. Me hace ser más crítica y me lleva a desechar los escritos menos válidos. Por otro, puede ser paralizante. Ayer me pasé toda la tarde con un relato, releyendo, corrigiendo, avanzando en su escritura y, llegado a un punto, me paro a reflexionar y pienso que la historia es una mierda, que los personajes no aportan nada, que la trama está instalada en los lugares comunes. ¿Y ahora qué? ¿Lo tiro a la basura? ¿Lo dejo en ese limbo de cuentos no acabados que pululan por mi ordenador?

Empecé a escribir este relato a partir de la convocatoria de un certamen que me pareció interesante, afortunadamente voy dejando ese vicio, pero todavía, de vez en cuando, no puedo resistir la tentación y me embarco en la aventura de escribir con un tema dado. Es una equivocación. Lo sé y, aún así, sigo haciéndolo. Ahora ni tan siquiera recuerdo que certamen era, y el relato está ahí, inacabado, restregándome mi incapacidad para ser original.


Ayer reflexioné sobre todo esto, llegué a la conclusión de que debo dejar los relatos, son muy complicados, requieren un alto nivel de exigencia. La novela me da más margen, aunque necesite dedicarle más tiempo. Voy a retomar una historia que ya tengo muy avanzada. Aparcada desde hace un año, llevo unos días que no consigo apartarla de mi cabeza, supongo que esa es la señal de que ha llegado su hora.

12 comentarios:

Paco Gómez Escribano dijo...

Seguro de que ha llegado la hora de retomar esa novela. En cuanto a dejar lo de los relatos... ¿Qué dices, insensta? ¡Justo ahora que estás con la presentación de tu estupendo libro de relatos! Anda que no me pasa a mí veces que no me sale un relato. Pues lo rompo y ya está. Recuerda, Felisa que el trabajo de escritor no es un oficio que se ejerza de de 7 a 3. La inspiración cuenta mucho, y el momento. Y tú eres relatista. Y también novelista. Así que no te rindas. Un beso.

Mari Carmen dijo...

No te desanimes, Felisa. Sigue con tu novela, pero también con tus estupendos relatos. Tú puedes con ambas cosas, aunque a veces pienses lo contrario :)

Un abrazo, y... pa'lante :)

Maribel dijo...

Si te sirve de consuelo no te pasa a ti sola, pero yo creo que es síntoma de madurez literaria.
¿Te acuerdas cuando años atrás escribías un relato y te parecía magnífico, lo mejor de lo mejor? ¿Te acuerdas de que lo presentabas a un certamen y estabas convencida de que ibas a ganarlo? ¿Te acuerdas de que si no lo ganabas no podías entenderlo? Si tu relato era el mejor, ¿cómo no había sido el ganador?
Pues bien, ahora has superado esa etapa, la de la ilusión sin freno, la del escritor que empieza, y has entrado en otra, la de la reflexión, la del trabajo concienzudo, la del escritor más experimentado.
En mi caso, por ejemplo, no sé el tiempo que hace que no escribo un relato. Te lo digo en serio. Mato el gusanillo de lo breve con los micros, pero concibo la literatura desde otra dimensión. Ya no me atraen los relatos, veo las historias con otra profundidad. Me vuelco más hacia la novela. Está claro que las novelas requieren tiempo y dedicación, pero prefiero estar meses sin escribir nada y comenzar una novela cuando considero que tengo una idea buena, a escribir relatos y relatos que, al final, salvo que tengas la suerte de publicarlos, no van a ninguna parte.
Ahora, por ejemplo, estoy con novela.

Feliz fin de semana.
Un abrazo.

J.E. Alamo dijo...

Como han dejado escrito en otras entradas, esto es una fase por la que pasamos todos. A unos les dura más que a otros (yo aún no la he superado y no es broma). ¿Sabes lo que viene muy bien? Un lector, alguien sin pelos en la lengua en quien confíes y si es escritor/a, mejor que mejor. Prueba a ver qué tal y ya me cuentas.

Teresa Cameselle. dijo...

¿Dejar los relatos? Yo no podía, más que nada por un simple motivo, no escojo escribir un relato o empezar una novela, ellos me escogen a mí.
A veces vas simplemente por la calle y tienes un "flash", es algo que oyes, o que ves, o que crees oír o ver, y ahí está la semilla del relato. Otras veces esa semilla va creciendo, creciendo y descubres que no es una plantita, sino un árbol, y ahí está la novela.
Ya te digo, por mi parte no puedo escoger, no sé si los demás tenéis esa opción, pero yo estoy contenta de no tenerla. Me gusta que me asalten las ideas sin más ni más, me gusta llegar a casa con los dedos hormigueándome, y espero que esa maravillosa sensación no desaparezca nunca.
Por lo demás, suscribo lo que dicen los compañeros más arriba. Esta bien ser exigente con uno mismo, es señal de madurez profesional.
Un beso, Felisa, y buen fin de semana a todos.

Eduardo Azaustre Mesa dijo...

Ya puedes suponer que no soy un habitual de los comentarios, pero no he podido sustraerme a la tentación de decirte que estás equivocada, por supuesto bajo mi punto de vista, para mi forma de ver eres una estupenda cuentista, tus relatos son casi siempre originales, absorbentes y nada aburridos.
Siempre he pensado que una buena novela lo es solamente, en función del interés que tengan los pequeños relatos e historias que la forman.
Mira Felisa. te voy a hacer un regalo, te lo mando por correo electrónico. Es la cabecera de la cama de mi hijo Víctor, el que trabaja en la EPO de La Haya o Den Haag como dicen ellos. Es un cuadro mio que se llama Mediterrania. Como puedes ver está formado por seis cuadros con entidad propia y que sin embargo forman un conjunto armonioso. Espero que contemplándolo llegues a la conclusión de que estás equivocada y además un poco desilusionada, vaya usted a saber porqué, pero que eres una cuentista de primera no creo que lo dude nadie.

Maribel dijo...

Volviendo al debate, y por lo que comentaba Teresa, es cierto que no se trata de elegir, que no es cuestión de: o tu madre o yo.
Tienes que escribir lo que te pida el cuerpo. En mi caso es cierto que ahora me siento más cómoda con la novela, pero quizá cualquier día me vuelva a asaltar un relato.
Sigo pensando que lo que te ocurre es signo de madurez literaria. No te agobies. Cuando algo no te convenza nada déjalo sin acabar. Léelo pasados unos días, ya verás como no piensas lo mismo, ya verás como te gusta. La calidad de tus relatos es indiscutible, no te agobies demasiado con la originalidad, no es indispensable. Puedes contar una historia cotidiana, en la que no es necesario sorprender al final, pero plasmando tu estilo, tu sello, tu calidad... Con ello la convertirás en un gran relato.
Un abrazo.

El Desván de la Memoria dijo...

Hemos de entender la exigencia como síntoma de evolución; pero ¡cuidado! también hemos de ser permisivos con nosotros mismos, y que ser exigentes no suponga poner una barrera demasiado alta. Piensa sencillamente que tu ritmo para escribir un relato ha cambiado: no todas las ideas te resultan ya válidas, no todas las que decides desarrollar las vas a dar por finalizadas satisfactoriamente y no todas las que acaben van a pasar ese nuevo filtro que tu madurez y experiencia narrativa dan ahora por bueno. Lo único que va a ocurrir es que vas a escribir menos relatos, pero serán mejores. No apresures ese nuevo ritmo. ¿un relato al mes, un relato cada dos meses? No es una mala media si los vas alternando con otros proyectos, como perfilar y estructurar la novela. Un libro de relatos cada dos o tres años (incluso algo más) es un buen número. Escribir menos y mejor es lo que se va logrando con tiempo y oficio.
Tómatelo por el lado bueno. Y piensa también que a veces tenemos épocas menos productivas, de poca inspiración; todo lo que rompemos forma también parte de los buenos textos, no es un trabajo perdido, al contrario. En escritura no hemos de hablar nunca de textos malos o textos deshechados; mejor pensar en ellos como pruebas, como escritos de "entrenamiento".
Un abrazo,
Ramón Alcaraz

Felisa Moreno dijo...

Me gusta el debate que se ha generado con esta entrada, cada uno de vosotros me ha hecho reflexionar. Supongo que a pesar de lo que escrito en el post no dejaré de escribir relatos, porque a veces me asaltan, se meten en mi cabeza y no me dejan tranquila hasta que los escribo. Lo que si trataré de hacer es no escribir pensando en un certamen en concreto, lleva tiempo y los resultados casi nunca me satisfacen.
Gracias a todos, volveré a leer vuestros comentarios con tranquilidad.
Por cierto, Ramón, ¿no estabas en Francia?

Pepe dijo...

Hola Felisa, no soy pródigo en comentarios, pero si te sirve de algo que yo te diga que eres una verdadera escritora, pues ya te lo digo.

Dejar de escribir no creo que lo consigas, ni relatos ni nada. Creo que estás madurando y eres más exigente contigo mismo. Si tienes que dejar algo lo dejas, pero tú sabes que si empiezas algo, si le insuflas vida a algún personaje, este comienza a vivir en tu cabeza y no la palma hasta que no está en la mente de los lectores.

Vamos, eso pienso yo, que no soy escritor, pero cuando escribo un artículo no dejo de pulirlo y de pensar en romperlo hasta que no lo envío para publicarlo. Y unas veces gustan a unos y otras a otros, eso es así, hasta con nosotros mismos, que algunos no acaban de gustarnos nunca.

En fin no sé si he dicho algo que te pueda valer.

Un abrazo.

El Desván de la Memoria dijo...

Sí, ahora mismo escribo desde Nimes. Al final del día miro el correo y veo las novedades en los blogs. Apenas tengo tiempo para incluir comentarios, pero también es cierto que en algunas ocasiones un comentario no solo va dirigido al propietaro del blog, sino a todos los que escriben. Así que aprovecho la ocasión porque el debate que generaste es interesante para todos.
Un abrazo,
Ramón Alcaraz

Pepe dijo...

Hola Felisa,
Por si te sirve de consuelo Ortega y Gasset decía:

"Conviene que el intelectual no crea demasiado en sí mismo. Después de todo, lo más bello que hay en la inteligencia, lo que la distingue de otras calidades más toscas--como la belleza física, la fuerza, la nobleza genealógica o el dinero--, es que siempre es problemática. Nunca se sabe de cierto si se tiene o no inteligencia. Lo más que puede asegurarse es que la ha tenido uno hace un momento, pero ¿ahora, en este instante que viene, en esta frase que se comienza?... El hombre inteligente ve constantemente a sus pies abierto e insondable el abismo de la estulticia. Por eso es inteligente: lo ve y retiene su pie cautelosamente."

Saludos.